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Los días en Hogwarts continuaban, con el ajetreo habitual de clases, deberes y actividades, pero Harry y Hermione mantenían un ojo atento en Ron. Sabían que aún estaba lidiando con la pérdida de Sirius, y aunque el Quidditch había sido una distracción momentánea, la tristeza aún se reflejaba en sus ojos cada vez que estaba solo.

Hermione, como siempre, encontraba maneras prácticas de ayudar. Aprovechaba cualquier excusa para estudiar con Ron, incluso si eran materias que sabía que no eran sus favoritas.

Ron, ¿has terminado el ensayo de Pociones? —le preguntó Hermione un día en la biblioteca, colocando una pila de libros frente a él.

¿Ensayo? ¿Qué ensayo?- Ron levantó la vista con expresión de fastidio.

El que tenemos que entregar mañana. Pensé que tal vez esto te ayudaría a empezarlo.- Hermione suspiró, pero en lugar de reprenderlo, le pasó un pergamino con apuntes.

Gracias, Hermione..- Ron tomó el pergamino, agradecido aunque no lo admitiera en voz alta.

Por su parte, Harry prefería enfocarse en actividades más ligeras. A menudo invitaba a Ron a salir al patio o a practicar Quidditch, sabiendo que volar era una de las pocas cosas que lograban distraerlo por completo.

Vamos, Ron, necesitamos practicar para el próximo partido. ¿O planeas dejar que los Slytherin nos aplasten?- dijo una tarde, sosteniendo dos escobas en la mano

Ni pensarlo. Dame esa escoba.- Ron bufó, pero una sonrisa tímida apareció en su rostro.

Ambos pasaron la tarde en el campo, lanzándose quaffles y compitiendo en velocidad. Por un momento, el peso en el pecho de Ron se alivió, y pudo disfrutar del momento con su mejor amigo.

Por las noches, cuando Ron parecía más sombrío, Hermione y Harry se turnaban para quedarse con él en la sala común, buscando maneras de animarlo. Harry contaba historias absurdas sobre Dobby y las travesuras que hacía en la cocina, mientras Hermione compartía datos curiosos que encontraba en sus libros. A veces, simplemente se sentaban en silencio, permitiéndole a Ron hablar si lo deseaba.

Una noche, después de un largo día de clases, Ron finalmente rompió el silencio.

Gracias, chicos, por no dejarme solo. No sé cómo lo haría sin ustedes.- dijo Ron en voz baja, mirando el fuego en la chimenea

Para eso estamos, Ron. Somos un equipo.- Hermione le dio una palmada en el hombro, y Harry le dedicó una sonrisa.

Aunque la herida de Sirius seguía presente, Ron comenzó a darse cuenta de que no estaba solo. Con sus amigos a su lado, cada día se sentía un poco más fuerte. Y aunque el dolor no desaparecería de inmediato, sabía que con ellos podría seguir adelante.

Las vacaciones de Navidad llegaron, y con ellas, la oportunidad de que Ron tuviera un respiro de las tensiones de Hogwarts. Harry y Hermione, sabiendo lo importante que era para Ron pasar tiempo con su familia, decidieron acompañarlo a la Madriguera, donde se reunieron con los Weasley para las celebraciones.

La casa de los Weasley, siempre llena de risas y caos, se convirtió en el refugio perfecto para Ron. A pesar de la tristeza que aún sentía por la muerte de Sirius, ver a su familia, a Harry y Hermione cerca le daba consuelo. La calidez de la casa, el bullicio de sus hermanos, y las bromas que no paraban de salir de las bocas de Fred y George ayudaban a distraerlo, aunque no podía evitar recordar ciertos momentos a solas, cuando las sombras de su pérdida volvían a atormentarlo.

El ambiente de la Madriguera estaba aún más animado que de costumbre, ya que Remus, James y Peter también se habían unido a la celebración. Lily, la madre de Harry, había llegado con una sonrisa cálida, dispuesta a disfrutar de unos días tranquilos con los Weasley. La presencia de los merodeadores, quienes pasaron tanto tiempo en la casa, parecía hacerla más acogedora, como si las viejas épocas en las que todos eran más jóvenes y despreocupados revivieran en el aire.

Me enamore de un criminal (SIRIUS X RON)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora