Ron sintió un nudo en el estómago cuando Harry le pasó la espada de Gryffindor. El guardapelo seguía colgando de su cuello, pesado, casi sofocante. Las palabras de Harry resonaron en su mente: "Tienes que destruirlo, Ron. Sólo tú puedes hacerlo."
Ron asintió, aunque sus manos temblaban ligeramente al tomar la espada. Sabía que enfrentarse al guardapelo significaba enfrentarse a sí mismo, a las sombras que lo habían estado atormentando desde hacía tanto tiempo. Pero también sabía que ya no podía seguir huyendo.
Colocó el guardapelo en el suelo, el frío metal brillando bajo la luz tenue del bosque. Respiró hondo y levantó la espada, pero justo antes de bajarla, el guardapelo pareció cobrar vida.
Un humo negro comenzó a salir del objeto, envolviéndolo todo en una niebla espesa. Una voz familiar llenó el aire, baja y seductora.
¿De verdad crees que puedes librarte de mí, Ron?" —susurró Tom Riddle, su tono burlón, pero lleno de certeza.
Ron dio un paso atrás, pero el humo tomó forma frente a él. Aparecieron imágenes: Sirius cayendo por el velo, el rostro de Bellatrix riendo, y luego, algo que lo hizo detenerse por completo. Una imagen de la Cámara de los Secretos.
Ahí estaban él y Tom Riddle, el Tom joven, con esa sonrisa enigmática y esos ojos oscuros que parecían atravesarlo. Ron se vio a sí mismo en esa escena, acercándose al otro chico, y luego... el beso. Un beso que había compartido con Tom en esos días extraños y confusos cuando el diario aún lo manipulaba.
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La imagen era clara, como si fuera real, como si estuviera ocurriendo de nuevo. El humo parecía burlarse de él, repitiendo ese momento una y otra vez.
"¿Lo recuerdas, Ron? Lo que compartimos... Lo que sentiste..." "Nunca podrás olvidar lo que somos. Siempre serás mío."- susurró la figura de Tom, acercándose más.
Ron apretó los dientes, sintiendo cómo las lágrimas quemaban sus ojos. El recuerdo lo golpeó con fuerza, trayendo consigo toda la vergüenza, la confusión y el dolor que había enterrado. Pero entonces escuchó otra voz, más cercana, más real.
¡Ron, no le escuches! Tú puedes hacerlo, destrúyelo ahora mismo. —gritó Harry desde un lado, su voz firme pero llena de apoyo.
Ron apretó la empuñadura de la espada. El guardapelo seguía mostrando las imágenes, las palabras de Tom seguían taladrando su mente, pero esta vez, algo dentro de él se alzó contra ellas. Esto no era real. Esto no era él.
No soy tuyo. NO soy tuyo. Nunca lo fui.- murmuró Ron, levantando la espada con ambas manos. Su voz se hizo más fuerte mientras apuntaba al guardapelo.
Con un grito que resonó en el bosque, Ron bajó la espada con todas sus fuerzas. La hoja atravesó el guardapelo, rompiéndolo en dos. Un chillido agudo llenó el aire mientras el humo negro se dispersaba, llevándose las imágenes y las palabras de Tom con él.