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Todos volvieron a la madriguera

La atmósfera en la Madriguera estaba tensa. El ataque de los mortífagos había dejado a todos agotados, pero nadie más que Ron parecía afectado. A pesar de la aparente seguridad que les ofrecía el refugio, el chico se mantenía en silencio, inmerso en sus propios pensamientos, ajeno a las conversaciones que ocurrían a su alrededor.

Harry, Hermione y los demás estaban inquietos. Sabían que Ron estaba lidiando con la pérdida de Sirius y la angustia de lo sucedido esa noche, pero el hecho de que no hablara, que se apartara de todos, les preocupaba aún más.

Hermione, con el corazón apesadumbrado, se acercó a él. Sabía que Ron no era de los que se abrían fácilmente, pero la falta de palabras solo le indicaba cuán profundo era su dolor.

Ron... Sé que estás pasando por mucho... y lo siento. No tienes que hablar si no quieres, pero quiero que sepas que no estás solo.- dijo suavemente, sentándose junto a él. No le tocó el hombro ni intentó abrazarlo, solo lo miró con una expresión comprensiva.

Ron no la miró. Sus ojos estaban vacíos, perdidos en algún lugar más allá de la chimenea, donde las sombras bailaban sobre las paredes de la sala común de la Madriguera. Aunque intentó mantener la compostura, el dolor era evidente en la forma en que sus labios se apretaban y sus hombros temblaban levemente.

Harry, al ver a Hermione hablando con Ron, se acercó también, sin saber bien qué decir. Aunque había sufrido la pérdida de Sirius de una forma diferente, entendía perfectamente el dolor de su amigo.

Ron... Sé que esto es difícil. Todos lo sabemos. Pero... no tienes que cargar con esto solo.- Harry se sentó al otro lado, mirando a su amigo con tristeza.

Ron finalmente los miró, pero sus ojos seguían apagados, como si algo dentro de él hubiera muerto junto con Sirius.

No sé qué hacer, Harry.. Sirius... era mi todo. Y ahora... ya no está. ¿Qué se supone que haga?- dijo Ron en voz baja, su tono casi inaudible.

Hermione apretó la mano de Ron, pero él no pareció notarlo. Harry dejó que su amigo hablara, permitiéndole liberar el nudo que se había formado en su pecho.

Lo sé, Ron. Y te prometo que no tienes que saberlo todo ahora. Solo... estoy aquí para ti, siempre lo estaré.- respondió Harry, con la voz llena de comprensión.

La habitación quedó en silencio por un momento, los tres amigos en su propia burbuja de comprensión, mientras Ron intentaba procesar lo que había ocurrido, lo que había perdido, y lo que significaba ahora para él.

No quiero perder a nadie más. Tengo miedo, Harry. Miedo de que algo pase, que alguien más se vaya...- murmuró Ron, sus palabras rotas por el dolor.

Harry no dijo nada, solo se quedó allí, mirando a su amigo con comprensión, mientras Hermione lo abrazaba en silencio, dándole la fuerza que parecía haber perdido.

Al día siguiente, Ron no dejó de pensar en lo que había dicho. Aunque el dolor seguía profundo en su corazón, las palabras de Harry y Hermione le dieron algo de consuelo. Sabía que la guerra aún no había terminado, pero también sabía que no estaba solo. Tenía amigos, tenía a su familia, y, por encima de todo, tenía a la gente que lo amaba.

Quizás, en algún momento, podría encontrar la manera de sanar. Pero por ahora, solo necesitaba estar con ellos, porque eso era lo único que podía ofrecerle un poco de paz.

Las vacaciones en la Madriguera pasaron rápidamente, llenas de momentos de silencio y reflexión para Ron, aunque rodeado por el amor y apoyo de su familia y amigos. Sin embargo, el regreso a Hogwarts significaba enfrentar nuevamente la realidad. El castillo, siempre un lugar de aventuras, ahora se sentía pesado para Ron. La pérdida de Sirius aún lo seguía, y aunque sus amigos lo intentaban levantar, el dolor persistía, una sombra que lo acompañaba a cada paso.

El primer día de regreso a la escuela estuvo lleno de caras familiares y nuevas responsabilidades. Aunque la guerra continuaba, Hogwarts seguía funcionando como siempre, con sus clases, el Quidditch y la rutina de los estudiantes. Pero para Ron, todo eso parecía irreal, como si el mundo siguiera girando mientras él se mantenía en una burbuja de dolor.

Harry y Hermione notaron que Ron estaba más callado de lo habitual. Durante las clases, siempre estaba presente, pero su mente parecía estar en otro lugar. El quidditch, aunque una distracción temporal, no era suficiente para hacerlo olvidar la ausencia de Sirius.

¿Cómo te sientes, Ron? —le preguntó Harry una tarde, mientras los tres caminaban por los pasillos hacia el Gran Comedor.

Ron miró a su amigo, sonriendo débilmente, pero era una sonrisa triste, como si estuviera tratando de convencer a los demás y a sí mismo de que todo estaba bien.

Estoy bien... solo cansado. —respondió, sin mirar a Harry. Era su manera de no hablar de lo que realmente le preocupaba.

Hermione, aunque no dijo nada, notaba los pequeños gestos de Ron, cómo se retraía cada vez que alguien mencionaba a Sirius, o cómo evitaba los lugares donde solían pasar tiempo juntos. Su preocupación por él solo aumentaba con cada día que pasaba.

Si necesitas hablar, ya sabes que estamos aquí para ti, ¿verdad? —le dijo Hermione una noche, mientras los tres se encontraban en la sala común.

Ron asintió lentamente, pero no respondió. En el fondo, sabía que sus amigos querían ayudar, pero las palabras de consuelo nunca eran suficientes. La falta de Sirius era un vacío que nada parecía llenar.

En medio de todo esto, la amenaza de la guerra seguía presente. A pesar de los intentos de mantener la normalidad en Hogwarts, los rumores sobre los mortífagos y Voldemort aumentaban. El regreso a las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde todos los estudiantes se encontraban con la incómoda presencia de un nuevo profesor, solo reforzaba el ambiente de tensión en el castillo.

Ron no podía evitar sentirse atrapado entre la desesperanza y el deseo de hacer algo para cambiar las cosas. Sabía que la guerra estaba llegando, pero, al mismo tiempo, sentía que su propio mundo se desmoronaba sin Sirius a su lado.

Pero, por un momento, en el bullicio de los pasillos de Hogwarts, cuando miró a Harry y Hermione, Ron recordó algo importante: no estaba solo. Aunque el dolor persistía, la amistad, el amor y el apoyo de sus seres queridos seguían siendo su mayor fuerza.

Con ese pensamiento, decidió que, aunque la guerra lo acechara y el dolor lo siguiera, seguiría adelante. No por él solo, sino por Sirius, por la gente que había perdido, y por la que todavía quedaba a su lado.

Continuara...

Me enamore de un criminal (SIRIUS X RON)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora