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Después de dos días de incertidumbre y tensión, finalmente llegó el momento de la despedida. La escuela estaba tranquila, pero todos sentían el peso de lo que había ocurrido durante el Torneo de los Tres Magos. Mientras los estudiantes de Beauxbatons y Durmstrang se preparaban para regresar a sus hogares, Viktor Krum se acercó a Ron.

Ron lo miró con una mezcla de emociones, sin saber muy bien qué decir. Aunque la intensidad de la atracción y los sentimientos hacia Viktor no habían desaparecido del todo, su corazón ahora estaba en otro lugar, con alguien más.

Viktor sonrió levemente, su rostro serio pero amable, y extendió la mano hacia Ron.

Fue un placer conocerte, Weasley. Espero que nos volvamos a ver algún día.- dijo Viktor en su característico acento búlgaro, su mirada fija en Ron

Ron tomó su mano, dudando por un momento. No sabía bien cómo se sentía sobre Viktor, pero entendía que las circunstancias habían cambiado, y con eso, su relación con él también.

Igualmente, Viktor. Te deseo lo mejor.- respondió Ron, forzando una sonrisa

Viktor asintió y, antes de alejarse, se acercó a Ron y le dio un suave apretón en el hombro, como un gesto de despedida final. Luego, se giró y se fue, marchándose hacia el barco de Durmstrang que los llevaría de vuelta a casa.

Ron observó su partida en silencio, sintiendo un vacío pero también una sensación de cierre. La relación con Viktor había sido parte de un capítulo en su vida, pero ya no era el centro de sus pensamientos.

De regreso a la estación de tren, Ron se reunió con Harry y Hermione. No era necesario decir mucho. Los tres compartieron una mirada que lo decía todo: el año había terminado, pero lo que les aguardaba era mucho más grande. La verdadera lucha estaba por comenzar.

El tren de regreso a casa estaba lleno de susurros y risas, pero Ron no podía dejar de pensar en lo que les esperaba el próximo año, con la sombra de Voldemort más cerca que nunca. A su lado, Sirius había estado más atento, más cercano, pero lo que Ron sentía por él era algo que ya no podía ocultar. Había encontrado su lugar entre los suyos, con su familia y con Sirius, quien se había convertido en mucho más que un amigo.

Así terminó otro año en Hogwarts. Con despedidas, pero también con la certeza de que, pase lo que pase, ya no estaban solos.

A medida que pasaban las semanas y las cartas entre Ron y Sirius se volvían más frecuentes, ambos encontraron consuelo en sus palabras. Cada carta se convirtió en un refugio para expresar lo que no podían decir en persona, un espacio donde los sentimientos se volvían claros y el amor se consolidaba sin barreras.

Ron, al principio, no podía evitar la duda, pensando en cómo su familia, especialmente su madre, reaccionaría ante la relación que estaba forjando con Sirius. Sin embargo, con el tiempo, empezó a entender que no necesitaba la aprobación de su madre para ser feliz, ni para decidir lo que era mejor para él. La ausencia de la atención de su madre ya no le afectaba tanto como antes. Había comenzado a aceptar que su vida no dependía de lo que ella pensara; Ron ya era lo suficientemente grande como para tomar sus propias decisiones, y esas decisiones incluían a Sirius.

En sus cartas, Ron expresaba cómo se sentía finalmente liberado de las expectativas que su madre le había impuesto durante años. A veces escribía en su carta algo tan simple como "Hoy no me importa si mamá me ignora. Yo estoy feliz con lo que tengo y con quién soy". En otras, se extendía un poco más: "Sé que no soy el hijo perfecto para ella, pero eso ya no me duele tanto. He aprendido a valorarme a mí mismo."

Sirius, al otro lado, siempre respondía con palabras que le daban fuerzas. En cada carta le decía lo orgulloso que estaba de él por tomar sus propias decisiones, y cómo su amor por él crecía con cada día que pasaba. Sirius también compartía sus pensamientos sobre cómo había encontrado en Ron una razón para seguir adelante después de todo lo que había vivido en su pasado. A veces sus cartas eran más simples, otras más profundas, pero cada una de ellas llevaba la misma promesa: "Siempre estaré aquí para ti, Ron. No tienes que ser perfecto. Solo tienes que ser tú."

Mientras las cartas pasaban de una mano a otra, Ron comenzó a darse cuenta de lo importante que se había vuelto Sirius en su vida. Ya no se sentía inseguro ni vacío al regresar a casa; sus sentimientos por Sirius llenaban ese espacio y lo hacían sentir completo. Si alguna vez tuvo dudas de sí mismo o de su relación, esas se desvanecieron con las palabras sinceras que se intercambiaban.

La distancia entre ellos se hacía más fácil de llevar, y Ron ya no sentía la necesidad de la constante validación de su madre. Se sentía a gusto con lo que tenía y con quién era. Con Sirius, había encontrado una clase de amor que nunca había experimentado antes: incondicional, firme y lleno de esperanza.

Al final, Ron comprendió que, aunque su madre no pudiera darle toda la atención que deseaba, había otros que sí lo hacían, como Sirius. Y, en ese momento, eso era todo lo que necesitaba.

Por otro lado

Harry no podía dejar de darle vueltas a las palabras de Voldemort en el cementerio. "Ron volverá a ser mío". ¿Qué significaba eso? ¿Cómo era posible que Voldemort tuviera acceso a los recuerdos del diario, el mismo que él había destruido años atrás? La confusión y el miedo se apoderaban de su mente mientras intentaba encajar las piezas del rompecabezas que no comprendía.

Había algo inquietante en la forma en que Voldemort se refería a Ron. No solo era la amenaza, sino también la manera en que parecía conocer detalles íntimos del pasado de Ron, cosas que, hasta donde Harry sabía, solo Ron había vivido. ¿Había alguna conexión más profunda entre Ron y Voldemort que Harry no conocía? La idea de que Ron estuviera involucrado de alguna manera con la oscuridad, o que fuera un objetivo de Voldemort, lo aterraba.

Harry miró fijamente a la ventana de su habitación, sin realmente ver el paisaje que se extendía ante él. Todo lo que podía oír era la última amenaza de Voldemort "Ron volverá a ser mío". ¿Cómo podía Voldemort saber tanto sobre ellos? Sabía que el diario había sido destruido, pero ¿y si el daño ya estaba hecho de alguna forma? ¿Y si el diario, o alguna otra parte de la magia oscura, había dejado una marca en Ron, algo que Voldemort podía aprovechar ahora?

No podía quedarse con esas dudas. Harry sabía que debía hablar con Ron, aunque temía lo que pudiera descubrir. Si Voldemort estaba detrás de todo esto, entonces Ron estaba en peligro, y Harry no podía permitir que eso sucediera. Al mismo tiempo, la forma en que Voldemort mencionó a Ron como algo "suyo" lo inquietaba. ¿Significaba que Voldemort tenía algún control sobre él, o era solo una amenaza más, parte de su juego mental? ¿Cómo había logrado Voldemort recuperar esos recuerdos? ¿Podía ser que el diario no había desaparecido completamente de sus vidas?

Con el peso de estas preguntas rondando su mente, Harry no podía quedarse quieto. Decidió que, lo que fuera que estuviera pasando con Ron, debía enfrentarlo. No podía permitir que Voldemort ganara ni un solo paso. Necesitaba saber la verdad, pero más que nada, necesitaba asegurarse de que Ron estuviera a salvo.

Bajo la luz de la luna, Harry tomó una decisión. Iría a buscar a Ron tan pronto como fuera posible y le hablaría sobre lo que había descubierto. Necesitaba su ayuda, pero también necesitaba que su amigo supiera lo que estaba en juego. Aunque había mucha incertidumbre, Harry estaba dispuesto a enfrentar la oscuridad, como siempre lo había hecho, para proteger a los que amaba. Y Ron, por supuesto, era una de las personas que más necesitaba proteger.

"Ron, lo que sea que Voldemort esté planeando... lo vamos a detener", pensó Harry para sí mismo, determinado a no dejar que su amigo se convirtiera en el próximo objetivo del hombre más peligroso del mundo.

Continuara...

Me enamore de un criminal (SIRIUS X RON)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora