Capitulo 10

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Harriet

Volver a casa debería haber sido un descanso.

Lo fue... por un día.

El martes a las 8:37 AM, exactamente,me llegó una notificacion de X

"Jean ha vuelto." Era el titulo de la publicación.

No es que me importe.

Es solo que... bueno, me parece curioso. Eso es todo.

Para el mediodía ya me había olvidado del asunto. Mentira. Pero estaba haciendo un gran esfuerzo por actuar como si sí.  Me estaba sirviendo yogurt con granola cuando me empieza a sonar el movil.

-Harriet - la voz de papá. Formal. Siempre formal, como si cada llamada fuera una conferencia de prensa.

-Pa, estoy algo ocupada, ¿te puedo marcar al rato?

-Estás en pijama, lo sé. Jean está aquí.- Pausa.

-¿Dónde es "aquí"?

-En la oficina. Dice que quiere hablar contigo.

Me tomé dos segundos para respirar antes de responder. No por nervios. Por odio.

-¿No puede simplemente... contratar a alguien más?

-Harriet. Sabes que esto es parte del acuerdo.- El acuerdo...el maldito acuerdo. De repente escucho unos pasos acercandose a la cocina, me volteo y ahí estaba el, parecia que acababa de llegar directo del aeropuerto, lentes obscuros y el pants todo desarreglado.

—Buenos días —dijo, como si nada.

—Son las once —respondí sin mirarlo, metiendo otra cucharada de yogurt a la boca. Tenía la esperanza de que si actuaba lo suficientemente ocupada, se iría.

Spoiler: no se fue.

—¿Eso significa que ya no es legal decir "buenos días"? —preguntó mientras abría la alacena, casual, como si la cocina también le perteneciera.

—Significa que no tienes que hablarme si no hay nada importante que decir.

Silencio. Unos segundos. Lo suficiente para que me atreviera a levantar la mirada.

Error.

Ahí estaba, de espaldas, pero con esa energía que ocupaba todo el espacio.

—¿No te alegraste de que volviera? —dijo sin girarse, como si de verdad esperara una respuesta sincera.

Me reí. En voz baja. Sarcástica.
Porque la alternativa era aventarle el yogurt.

—Claro. Casi me pongo a llorar de la emoción.

—Llorar no, pero revisaste mis historias. —Y ahora sí me miró.

¿Qué?

—¿Perdón?

—Las viste. Dos veces. Una desde tu cuenta, otra desde la de RP de la empresa. O sea... si vas a espiarme, hazlo bien.

Maldito.

—No estaba espiando. Fue un accidente.

—¿Ver dos veces una historia? Bastante preciso para un accidente.

No sabía si pegarle con la cuchara o con la tapa del yogurt.
Opté por ninguna. Por ahora.

—¿Viniste solo a provocarme? ¿O querías café? —pregunté, girándome hacia la cafetera como si me diera absolutamente igual lo que dijera.

Escuché cómo se acercaba. Sus pasos, lentos. Tranquilos. Con esa arrogancia silenciosa que me revolvía el estómago.

—¿Y si te dijera que vine porque te extrañé? —dijo a mi espalda.

Dos mundosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora