Jean
La adrenalina aún recorría mi cuerpo, aunque la carrera ya había terminado. P1. Lo había logrado. Había terminado en lo más alto del podio, pero no podía evitar sentir que no había sido una victoria completamente limpia. Las complicaciones durante la carrera habían dejado una marca en mi mente, y aunque el resultado final era el que había esperado, sabía que algo dentro de mí no estaba 100% resuelto. La carrera había sido un desafío, no solo por la competencia, sino por lo que había estado rondando en mi cabeza.
El equipo estaba celebrando, pero yo no podía dejar de pensar en lo que había pasado en las vueltas anteriores, esas en las que mi concentración se había desvanecido un par de veces. A pesar de todo, había logrado mantenerme firme y cruzar la línea de meta en primer lugar, pero las sombras de esas complicaciones seguían ahí, dándome vueltas.
Cuando pasé por los boxes y vi a Harriet, mi corazón se aceleró un poco. No sé por qué, pero en ese momento todo lo demás desapareció. Ella siempre tenía esa habilidad de calmarme, de darme una sensación de paz incluso cuando todo a mi alrededor estaba a mil por hora.
Nos miramos desde lejos y, sin pensarlo mucho, me acerqué a ella. En medio de la multitud, fue como si solo existiéramos nosotros dos.
– ¿Cómo te sentiste? –me preguntó, con esa sonrisa que siempre me hacía sentir mejor, aunque yo sabía que no estaba completamente tranquilo con lo que había pasado.
– Bien... pero no como esperaba –respondí, aunque sentía la necesidad de decir más, de compartir lo que había estado pensando durante toda la carrera. Pero, al mismo tiempo, no quería preocuparla ni hacerla sentir que algo no estaba bien.
Ella me miró, como si pudiera leerme sin que dijera una palabra. La tensión entre nosotros creció en un instante, y su presencia me hizo sentir como si todo fuera un poco más soportable.
– Lo hiciste increíble –dijo, y algo en su tono me hizo sentir que, aunque no lo había hecho perfecto, al menos alguien lo reconocía.
Asentí, pero no dije más. Estaba pensando en las palabras que no había dicho, en lo que quedaba entre nosotros, pero por un momento me dejé llevar por la calma de estar cerca de ella.
La carrera había sido un éxito, al menos en términos de lo que había logrado. Pero aún sentía el peso de todo lo que había tenido que atravesar para llegar hasta aquí. Sabía que había mucho más por hacer, pero por un momento, el mundo parecía haberse detenido. Lo único que podía pensar en ese momento era cómo había deseado que Harriet estuviera aquí, cerca de mí. No solo por la carrera, sino por todo lo que significaba.
Después de la carrera, mis padres me pidieron que fuera a celebrar con ellos. Sin embargo, no era el tipo de celebración que quería en ese momento. No después de todo lo que había pasado. No podía esperar más para estar a solas, hablar sin presiones y quizás dejar que las cosas fluyeran entre nosotros de la forma que siempre había querido. Así que, en lugar de ir con ellos, opté por quedarme en mi habitación, esperando, sabiendo que ella vendría.
Cuando la puerta sono dos veeces, mi corazón dio un pequeño salto. No me esperaba verla tan pronto, pero había algo en su presencia que siempre me daba una sensación de calma, incluso cuando todo alrededor parecía estar a mil por hora.
Abrí la puerta, sin prisa, aunque sabía perfectamente quién estaba del otro lado. Ahí estaba, con esa mirada decidida que no podía evitar inquietarme. Harriet no solía ser de las que llegaban sin avisar, y sabía que algo debía estar pasando para que estuviera allí.
– ¿Qué pasa? –le pregunté, evitando la emoción pues alrededor todos estaban pasando mirando la habitacion
-tenemos que hablar- ella siguio con ese tono, donde le restaba importancia a las cosas. Me asegure que vieran el como nos hablabamos para que no empezaran a crear los rumores.
Sin decir nada, ella cruzó la puerta. No esperaba que entrara con tanta decisión, con ese aura de que nada iba a detenerla. Estaba tan cerca de mí que pude sentir su perfume, tan cálido, tan... tentador. No necesitaba más. Sabía lo que quería, lo que ambos queríamos, pero no sabía cómo decirlo sin que se volviera más complicado de lo que ya era.
– ¿Una copa? –le ofrecí, mi voz un poco más suave ahora, pero los ojos fijos en ella, esperando una respuesta.
Tomó la copa, pero ni siquiera se sentó. Estaba demasiado cerca. Pude ver cómo sus ojos recorrían mi rostro, como si intentara leer algo que ni yo entendía completamente.
La vi dar un paso hacia mí, como si me estuviera provocando, deslizándose con una calma peligrosa. – No quiero celebrar con todos esos... extraños. Quiero celebrar contigo. Solo tú y yo. – La forma en que lo dijo fue casual, pero había algo en su tono que me hizo pensar que no lo decía solo por cortesía.
No pude resistirme. Mi mirada se oscureció, mi cuerpo ya había decidido lo que quería. Avancé hacia ella, cada paso más firme que el anterior, y antes de que pudiera pensar, mis labios encontraron los suyos. No fue suave. No fue tierno. Fue feroz, urgente, como si de alguna manera el tiempo hubiera llegado a su fin y no pudiéramos esperar más.
– No puedo esperar más –murmuró, y esas palabras fueron lo último que necesité para perder todo autocontrol. Estaba tan cerca, su calor envolviéndome por completo, y mi cuerpo presionando contra el suyo con una urgencia salvaje.
Mi boca descendió por su cuello, y sentí cómo su respiración se entrelazaba con la mía. Las yemas de mis dedos recorrieron su espalda, enviando una corriente de electricidad por cada parte de mi cuerpo. Todo lo que había entre nosotros, todo lo que habíamos guardado, se desbordó en ese instante.
sus manos, sin pensar, se colaron bajo mi camiseta. La detuve brevemente, mirándola con una mezcla de deseo y control.
– ¿Esto es lo que realmente quieres, Harriet? –pregunte con una voz ronca, cargada de una necesidad que no podía ocultar.
No respondio con palabras. No era necesario. En lugar de eso, me empujo hacia la pared, su cuerpo presionando el mio, y me beso con la misma intensidad que yo la había besado. Mis manos recorrían su piel, cada movimiento más impetuoso, más desinhibido.
Ella jadeó levemente cuando la acerqué aún más, mi cuerpo pegado al suyo, y me di cuenta de que ya no podíamos dar marcha atrás. El deseo era lo único que quedaba, y lo que empezaba como una lucha de control pronto se convirtió en un juego de entrega total. En cada roce, en cada beso, estábamos perdiendo la batalla. Pero ninguno de los dos quería ganar.
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Dos mundos
RomanceHarriet y Jean vienen de mundos opuestos. Ella quiere cambiar el mundo, él solo quiere ganar. Obligados a trabajar juntos en medio del caos de la Fórmula 1, lo que empieza como tensión se convierte en algo mucho más complicado... y tal vez imposible...
