Harriet
La mañana comenzó tranquila, algo que no me esperaba. El sol se colaba por la ventana, bañando la mesa donde tenía esparcidos todos mis documentos sobre el refugio. Los permisos aún eran un dolor de cabeza, pero ya estaba acostumbrada a lidiar con eso. La parte más difícil era la incertidumbre, no saber si todo el trabajo y esfuerzo serían suficientes para llevarlo a cabo.
Había avances, por supuesto, pero aún quedaba mucho por hacer. Sin embargo, en mis pensamientos, el refugio seguía siendo mi prioridad. Mi teléfono vibró en la mesa, pero decidí ignorarlo. No era el momento de distraerme.
Fue entonces cuando Kendall apareció con dos cafés y unos croissants. La familiaridad de su presencia me tranquilizó un poco, y me hizo sonreír. Siempre sabía cuándo necesitaba una pausa.
-Te noto más relajada- comentó mientras se sentaba frente a mí, observando la pila de papeles. -¿Cómo va todo con el refugio?
Suspiré, dejando de lado los pensamientos que se habían estado acumulando en mi mente.
-Avanza. Cada día un poco más cerca. Pero los permisos... todavía tengo que negociar algunas cosas más. Y la burocracia nunca es sencilla. Pero me siento bien con lo que estoy haciendo. Es un proyecto importante, y sé que vale la pena. Aunque a veces me siento como si estuviera luchando contra un muro.
Kendall asintió, como si lo entendiera perfectamente.
-Eso suena a que estás poniendo mucho en esto, y lo estás haciendo bien. ¿Y todo lo demás? ¿Cómo va lo personal?
Miré el café, pensando un momento.
-Lo personal está en pausa. No tengo tiempo para distraerme con nada que no sea esto. No me quejo, pero... no sé si estoy haciendo lo correcto. Todo esto consume mucho de mí, y a veces me siento como si estuviera perdiendo un poco el rumbo. Pero necesito que funcione.
Kendall se recostó en su silla, observándome en silencio por un momento.
- Harriet, no tienes que hacer todo tú sola. Todos tenemos momentos difíciles, y está bien decir que necesitamos algo más. No todo tiene que ser tan pesado. La vida también está para disfrutarla.
Sonreí débilmente, sabiendo que tenía razón. Pero en ese momento, mi mente no podía apartarse del refugio, de todo lo que aún quedaba por hacer.
-No es que no quiera disfrutar, Kendall. Pero ahora mismo, todo lo que quiero es ver este refugio funcionar. A veces siento que si me detengo un segundo a pensar en lo que podría estar perdiendo, no podría seguir adelante.
Kendall me dio una mirada comprensiva, pero no insistió más. Sabía que este era mi momento, y ella entendía lo que eso significaba para mí.
-Solo asegúrate de no perderte en el proceso. Está bien hacer una pausa. Todo tiene su tiempo.
—A veces me da miedo que todo esto... lo del refugio, lo de Jean, lo de mi familia —dije en voz baja, más para mí que para ella—. Que sea demasiado. Que lo arruine. Que no esté hecha para sostener tanto a la vez.
Kendall no respondió de inmediato. Me miró en silencio, como si entendiera que lo que acababa de decir no era algo fácil de admitir.
—Siempre pensé que tenía que estar bien —continué, sin poder detenerme—. Que si me mostraba fuerte, entonces todo iba a salir bien. Pero ahora... estoy tan cerca de cosas que realmente me importan, que me dan miedo. Como si tuviera algo que perder por primera vez en mucho tiempo.
Respiré hondo. Me ardía la garganta, no por el llanto, sino por todo lo que me había guardado. Por todo lo que nunca decía en voz alta.
—No sé si estoy lista para fracasar en algo que realmente quiero.
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Dos mundos
RomanceHarriet y Jean vienen de mundos opuestos. Ella quiere cambiar el mundo, él solo quiere ganar. Obligados a trabajar juntos en medio del caos de la Fórmula 1, lo que empieza como tensión se convierte en algo mucho más complicado... y tal vez imposible...
