Harriet
La mañana comenzó relativamente normal, baje a desayunar y la abuela ya estaba cocinando unos huevos fritos en la sartén, cada día después de su cumpleaños nos despierta con un desayuno riquísimo y esta vez no será la excepción.
-Cariño, Jean es fantástico- la volteo a ver confundida
-¿De qué hablas nana?
-De jean, el corredor ese de Ferrari, aunque pensé que nunca estarías con alguien del mundo de tu padre.
-Nana, no te entiendo, yo no salgo con el
-ohh vaya...juraría que...
- ¿jurarías que nana?
-Nada hija, nada....
La mañana y tarde prosiguió, cada vez más se acercaba el momento de empezar a arreglarme para ir al evento.
Me miré al espejo por tercera vez en menos de cinco minutos. Ridículo. No es como si me importara. Definitivamente no. Me arreglaba porque era un evento importante. Profesionalismo, presencia, imagen... eso.
Tomé la plancha del cabello, aunque ya lo tenía casi listo. Algo en mí insistía en que cada mechón estuviera perfecto, y no estaba segura de si eso me molestaba más que el propio evento. Me puse un poco de rubor, solo para que no dijeran que me veía cansada. Nada exagerado. Natural. Casual. Impecable.
El vestido era simple, negro, ajustado sin ser provocador. Elegante, justo lo necesario. Me puse los aretes pequeños que mi mamá me había regalado el año pasado, y los tacones que odiaba pero que hacían que mis piernas se vieran... bien. Ugh.
A las 6:59 sonó la notificación del celular.
Jean: "Estoy afuera."
Respiré hondo. No por nervios. Solo... por fastidio. Obviamente.
Bajé las escaleras con calma, mi bolso colgando del brazo, intentando que mis pasos no sonaran tan fuerte con los tacones. Cuando abrí la puerta, Jean estaba de espaldas, apoyado en su coche, con el celular en la mano. Se giró al oírme.
Y me miró.
Ese tipo de mirada que no dice mucho, pero que dura un poco más de lo necesario. La suficiente para hacerme fruncir el ceño.
—Te ves bien —dijo, sin rastro de burla en la voz.
Parpadeé. Esperaba un comentario sarcástico, algo como "Mira quién sí sabe peinarse" o "Qué esfuerzo para un evento aburrido", pero no. Solo ese cumplido, tan directo y tranquilo que me descolocó más que si me hubiera fastidiado.
—Ajá —murmuré, caminando hacia el coche sin darle demasiada importancia.
Jean abrió la puerta del copiloto y me miró de reojo.
—No pongas esa cara, Harriet. Fue un cumplido. Te lo juro, a veces no sé si te molesta más que te critique... o que no lo haga.
Rodé los ojos mientras me acomodaba en el asiento.
—Solo conduce, Jean.
Pero mientras se subía al coche y arrancaba, no pude evitar una pequeña sonrisa. Apenas, casi imperceptible. Como el perfume que me había puesto antes de salir. Ligera, casi invisible. Pero ahí estaba.
La entrada al evento era tan absurda como lo esperaba. Luces blancas por todos lados, risas perfectamente calibradas, y gente que decía "encantado" como si realmente lo sintiera.
Caminaba junto a Jean como si fuéramos dos piezas de un rompecabezas que nunca debieron encajar. Él, saludando con ese aire encantador que tan bien le salía. Yo, con mi sonrisa diplomática, esa que uso cuando en realidad estoy pensando en lo mucho que preferiría estar en mi cama con una pizza y cero interacciones humanas.
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Dos mundos
RomanceHarriet y Jean vienen de mundos opuestos. Ella quiere cambiar el mundo, él solo quiere ganar. Obligados a trabajar juntos en medio del caos de la Fórmula 1, lo que empieza como tensión se convierte en algo mucho más complicado... y tal vez imposible...
