Capítulo 42

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Harriet

Me senté en el sillón, las manos descansando en mis piernas, mirando al vacío. El sonido del agua cayendo desde la ducha era lo único que rompía el silencio de la habitación. Sabía que Jean estaba en el baño, pero en ese momento todo parecía distante. Mis pensamientos se agitaban como olas, pero no encontraba la manera de calmarlos. Había pasado tanto tiempo sin saber cómo encajar lo que había sucedido, que ahora, cuando estaba frente a él, me sentía perdida.

Escuché la puerta del baño abrirse, y al momento, el sonido de pasos se acercaron. Jean salió con el cabello mojado, su camiseta ligeramente arrugada. Algo en su postura me decía que no había dormido bien, pero no me atrevía a decir nada. Me miró en silencio, esperando que fuera yo quien rompiera el hielo, pero yo no sabía cómo hacerlo.

El simple hecho de que estuviera allí me confundía. Había pasado tanto tiempo, tantos meses de distancia, y ahora, de repente, estábamos aquí, en esta habitación, intentando entender lo que habíamos perdido.

—Lo siento mucho —dijo finalmente, y aunque sus palabras eran simples, su tono parecía más sincero que nunca. Mi pecho se apretó con un dolor que no podía identificar. Yo había escuchado esas palabras antes, pero algo en su voz ahora me hizo pensar que de verdad las sentía.

No respondí de inmediato. Miré mis manos, y por un momento me perdí en ellas. Había tantas cosas que quería decirle, tantas emociones atrapadas que no sabía cómo liberarlas. Mi mente estaba llena de recuerdos, de momentos en los que lo necesité y él no estuvo, de todas las veces que me sentí ignorada.

Jean dio un paso hacia mí, y me quedé ahí, inmóvil, sin saber qué hacer. ¿Debería acercarme? ¿Debería alejarme? La verdad es que no sabía nada, solo sentía el peso de lo que había pasado.

—¿Cómo empezamos? —preguntó, y sus palabras me calaron hondo. Esa simple pregunta, llena de vulnerabilidad, me dejó sin aliento. Me miró con una esperanza que me hizo cuestionar si yo realmente podía darle una respuesta.

Bajé la mirada, sintiendo cómo un nudo se formaba en mi garganta. No sabía cómo empezar. No podía decirle que todo estaba bien, porque no lo estaba. No podía fingir que las cicatrices no existían.

—No lo sé —dije finalmente, sin poder ocultar el dolor en mi voz. —Creo que no sé cómo empezar.

Lo miré entonces. Ahí estaba él, frente a mí, esperando algo que no podía darle. ¿Acaso había alguna forma de regresar a lo que fue? No lo sabía. Mis palabras no fueron duras, pero el peso de lo que sentía se transmitía a través de ellas.

Jean se agachó frente a mí, más cerca de lo que había estado en mucho tiempo. Miró mi rostro como si estuviera buscando una señal, como si esperara que todo volviera a la normalidad. Pero yo no tenía esa señal. No sabía qué era lo que me pedía, ni qué era lo que quería.

—Lo que más quiero es poder demostrarte que lo que pasó... no fue lo que quería. Yo... yo cometí un error. Y sé que las palabras no bastan. Pero estoy aquí. Estoy aquí para quedarme.

Esas palabras me atravesaron como una daga. No estaba segura de qué pensaba en ese momento. Mis pensamientos eran un lío, pero lo que sentía era claro: había una parte de mí que quería creer en él, pero el miedo era más fuerte. ¿Y si todo volvía a ser lo mismo? ¿Y si esta vez no podía soportarlo?

No respondí de inmediato. Mis ojos lo miraron fijamente, buscando algo en él, buscando esa seguridad que nunca había encontrado. Recordé todos los momentos en los que estuve sola, esperando que alguien viniera a rescatarme, esperando que él estuviera allí para ayudarme. Pero él no estuvo.

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