Capítulo 52

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Harriet

Después de casi treinta minutos bajo el agua caliente, salí de la ducha con los dedos arrugados y el corazón enredado en mil pensamientos. Me envolví en la toalla con calma, o al menos eso intenté aparentar. Por dentro, el caos seguía.

La puerta del baño crujió cuando la abrí. Jean estaba sentado sobre la cama, recostado contra la cabecera, ya sin el traje que había usado para la boda. Se había puesto un pantalón de pijama gris y una camiseta blanca. Tenía el celular entre las manos y la pantalla iluminaba su rostro con una luz suave. Se veía tranquilo. Ajeno.

Cuando notó que había salido, dejó el teléfono a un lado y me dedicó una sonrisa.

—¿Ya estás lista para dormir? —preguntó con esa voz suya tan normal, tan cotidiana, como si el universo no estuviera a punto de sacudirse.

Asentí con una sonrisa mínima y fui directo al clóset. Me cambié con rapidez, poniéndome la pijama de siempre, la de pantalón suelto y blusa de tirantes. Mientras me vestía, Jean empezó a contarme algo. Algo sobre Thomas, creo. O sobre Adrien. ¿O era del pastel de boda? No sé. No escuché nada. Su voz era solo ruido de fondo mientras mi mente se repetía el mensaje una y otra vez.

"Son los anillos de compromiso de la tienda a la que fuimos ese día, Jean. Quiero que lo pienses."

Tragué saliva. Me senté al borde de la cama, sintiendo el colchón ceder bajo mi peso, y ni siquiera había notado que Jean se había quedado en silencio hasta que me miró.

—¿Todo bien? —preguntó, ladeando un poco la cabeza para verme mejor.

Mi mirada seguía fija en un punto cualquiera del suelo.

—Sí... —murmuré. Pero sonó más como una pregunta que una afirmación.

Jean se inclinó un poco hacia mí. Podía sentir cómo me observaba, atento. Cómo sus ojos intentaban leer lo que pasaba dentro de mí.

—¿Harriet? —insistió, más suave esta vez.

—Sí, solo... estoy cansada. Y la regadera me relajó demasiado. Creo que me quedé medio dormida ahí adentro.

Jean me observó unos segundos más, con esa mirada que siempre parecía querer desarmarme. Pero no insistió. Solo asintió y apagó la luz de su lámpara.

Me acurruqué a su lado, como siempre. Él me abrazó por la cintura y apoyó su frente contra mi hombro. Su respiración cálida y tranquila.

Pero yo... yo no podía dormir.

El mensaje seguía rebotando en mi cabeza como si tuviera eco: "Son los anillos de compromiso de la tienda a la que fuimos ese día. Jean, quiero que lo pienses."

¿Qué significaba?
¿De verdad era en serio?
¿De quién hablaba Thomas?
¿Y por qué Jean tendría que pensarlo?

Cerré los ojos. No quería respuestas esa noche.
Ni preguntas.

Solo silencio. Y el pecho de Jean subiendo y bajando contra mi espalda.
Pero hasta eso me pesaba.

Desperté antes que el sol. Jean seguía profundamente dormido, una de sus piernas cruzada perezosamente sobre las sábanas, su respiración tranquila. No quería despertarlo. No quería que notara la tormenta que aún llevaba por dentro.

Me puse las zapatillas y salí a correr. Ni siquiera llevé audífonos, necesitaba oír mis pensamientos. O tal vez necesitaba dejar de escucharlos.

Corrí sin dirección. El aire frío de la mañana me cortaba los brazos, pero no me importó. Quería que el cuerpo se me cansara antes que la mente. Que el sudor empujara fuera todas las preguntas que no había podido responder.

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⏰ Última actualización: May 04 ⏰

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