Harriet
No sabía si era el perfume floral del jardín, el murmullo de los invitados o el hecho de estar usando tacones en medio del césped lo que me tenía ligeramente incómoda. El vestido era rosado, suave, de esos que se mueven con el viento y no se sienten como una armadura. Había insistido en algo sencillo, sin escote, sin lentejuelas. Solo tela liviana, y el cabello recogido con dos mechones sueltos. Kendall me había dicho que parecía sacada de un catálogo, y yo solo esperaba no parecer incómoda al caminar entre tanta gente bien arreglada.
—Relájate —murmuró Jean a mi lado, ajustándose el saco con elegancia. Se veía impecable, como siempre, como si los eventos familiares fueran su hábitat natural.
—Estoy relajada —mentí, justo antes de tropezar levemente con una piedra mal puesta.
Él me tomó de la cintura, conteniendo una risa que no logró ocultar del todo.
—Claro que sí.
La boda de Caleb, su primo, era todo lo que podía esperarse de una celebración Stone: elegante, bien planeada y llena de detalles que gritaban "esta gente tiene dinero, pero también emociones". Una finca preciosa al norte de Londres, con mesas circulares cubiertas de manteles de lino, luces cálidas colgando de los árboles y un cuarteto de cuerdas tocando una versión instrumental de Yellow de Coldplay.
Ya conocía a la mayoría de los miembros de la familia, así que no fue incómodo. Saludé a los tíos, los abuelos, primos.
—¿Quieres algo de beber? —me preguntó Jean mientras buscábamos nuestra mesa.
—Sí, pero solo si tú lo traes —le dije con una sonrisa inocente.
—Tan mandona como siempre —bromeó él, y se alejó con ese paso despreocupado que me hacía sonreír cada vez que lo veía de espaldas.
En eso Thomas, apareció con una copa en la mano y la sonrisa de siempre, esa que mezcla encanto con travesura.
—Bonito el vestido de la novia, ¿no? —comentó, señalando sutilmente hacia el altar donde los preparativos ya estaban casi listos.
—Sí, es precioso —respondí sin darle demasiada vuelta.
Pero Thomas no se detuvo ahí.
—¿Tú te irías por algo más clásico o algo así como lo que lleva ella?
Lo miré de reojo, levantando una ceja.
—¿Yo?
—Sí. Digo... si alguna vez... ya sabes, te tocara vestirte de blanco.
Solté una risa ligera, pero algo dentro de mí se tensó.
—No sé. Supongo que algo más sencillo.
—¿Y flores? ¿Muchas o pocas?
Parpadeé.
—¿Thomas, por qué tantas preguntas?
Él se encogió de hombros, tomando un sorbo de su copa.
—Curiosidad. Las bodas son tema del día. Pensé que no estaba de más saber.
Asentí lentamente, pero algo no cuadraba del todo. En las últimas semanas, ese tema parecía haber salido más de lo habitual. Como si estuvieran insinuando algo. Como si supieran algo.
Pero no era así... ¿no?
Me limité a sonreír con los labios, esa mueca que no llega a los ojos, y respondí con voz tranquila:
—No tengo idea. No pienso tanto en eso ahora.
Y justo entonces, como si hubiera sentido la incomodidad en el aire, Jean apareció de vuelta con las bebidas.
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Dos mundos
RomanceHarriet y Jean vienen de mundos opuestos. Ella quiere cambiar el mundo, él solo quiere ganar. Obligados a trabajar juntos en medio del caos de la Fórmula 1, lo que empieza como tensión se convierte en algo mucho más complicado... y tal vez imposible...
