Harriet
El aeropuerto siempre me pareció un lugar de transición, nunca de permanencia. Gente que llega, gente que se va. Nadie se queda. Hoy, era mi turno de irme.
Jean y yo nos despedimos frente a la zona de embarque, con una maleta a mis pies y las palabras atrapadas entre los labios. No era una despedida definitiva, lo sabíamos. Pero después de todo lo vivido, el simple hecho de separarnos dolía un poco más que antes.
Me abrazó con fuerza, de esa forma en la que uno intenta decir todo lo que no puede con palabras. Sentí su respiración en mi cuello, su pulso acelerado contra el mío.
—Nos vemos pronto —me dijo, en voz baja.
—Sí... pronto —respondí, aunque no sabía exactamente cuándo sería.
Él regresaba a Mónaco. A su vida. A sus entrenamientos, sus compromisos, su mundo. Y yo, a Londres. A mi casa. A los pendientes que seguramente se habían acumulado mientras estuve fuera. Pero por primera vez en mucho tiempo, no me pesaba volver. Había algo en mí que se sentía distinto. Como si cada parte se hubiera recolocado, un poco más en paz.
Verlo alejarse, con la mochila colgada al hombro y ese andar despreocupado que siempre lo acompañaba, me provocó un nudo en la garganta. Quise correr tras él. Pero no lo hice. Solo lo miré una vez más antes de entrar por las puertas de cristal.
Horas después, la ciudad me recibió con su gris familiar. Lluvia ligera, viento fresco. El taxi me dejó frente de la casa de mis padres, y al abrir la puerta , un suspiro largo escapó sin permiso. Todo estaba como lo había dejado... pero yo ya no era la misma.
Me quité los zapatos en la entrada y dejé caer la maleta en la sala. Silencio. Ese silencio que antes me reconfortaba, ahora me pesaba un poco. Tal vez porque me recordaba que ya no estaban los sonidos de los niños, ni las voces cruzadas del campamento, ni las noches compartidas con Jean bajo una red de estrellas africanas.
Encendí una lámpara tenue y saqué de la mochila una pequeña flor seca que uno de los niños me había dado antes de partir. La dejé en el estante, como una especie de recordatorio. De quién fui allí. De lo que significó todo eso.
Y cuando me senté en el sofá, con las rodillas recogidas y el corazón todavía latiendo por los días pasados, supe que lo extrañaba. A Jean. Pero también extrañaba la versión de mí que él había visto y amado allá.
Abrí el celular. Un solo mensaje nuevo.
Jean: Avísame cuando llegues. Aunque ya sé que vas a decir que estás bien. Igual quiero leerlo de ti.
Sonreí, pequeña y tonta.
Yo: Ya estoy en casa. Aunque se siente raro decirle casa después de todo esto. Presioné enviar y apoyé la cabeza en el respaldo.
Sí, la distancia había vuelto. Pero algo me decía que esta vez, los dos sabíamos que estábamos más cerca de lo que parecía.
Este cap fue peculiarmente pequeño, pero necesario después de estos capítulos cargados...
Espero de todo corazón que disfruten de esta historia 🤍
ESTÁS LEYENDO
Dos mundos
RomanceHarriet y Jean vienen de mundos opuestos. Ella quiere cambiar el mundo, él solo quiere ganar. Obligados a trabajar juntos en medio del caos de la Fórmula 1, lo que empieza como tensión se convierte en algo mucho más complicado... y tal vez imposible...
