Jean
El rugido de los motores era un zumbido constante en mis oídos, como si quisiera ahogar todo lo que seguía resonando en mi cabeza.
Ella.
Harriet.
Todavía podía sentir el peso de su mirada antes de que saliera del penthouse, el roce de su mano, sus palabras aún marcadas en mi pecho. "No me empujes fuera."
Tomé aire, me ajusté los guantes, miré al frente. Las luces del semáforo se encendían una a una en rojo sobre la parrilla. La vibración del volante bajo mis dedos se mezclaba con la adrenalina subiendo por mis venas. Todo era ruido. Todo era velocidad. Todo era silencio por dentro.
—Jean, concentrate —la voz de Thomas sonó por la radio. No dura, pero sí firme. —Hoy es el día. No la cagues.
No respondí. Solo asentí, aunque él no pudiera verme.
Cinco luces.
Cuatro.
Tres.
Dos.
Una.
Apagadas.
El coche rugió bajo mis pies y salí disparado. Una buena salida. Ni perfecta, pero limpia. Tenía margen para trabajar. Sentí el agarre del auto, el asfalto caliente, los neumáticos mordiendo las curvas con rabia.
Pero en la recta principal, en la primera vuelta, mi mirada se desvió por una fracción de segundo hacia la tribuna. No sabía dónde estaba exactamente. Solo... esperaba verla. Como si con eso todo lo demás tuviera sentido.
Volví a enfocarme. No hay espacio para errores, Jean. Ni para sentimientos. Ni para besos que aún te están quemando la boca.
—Bien hecho en las primeras vueltas, mantén el ritmo —dijo Thomas.
Seguí.
Curva tras curva.
Adelantamiento tras adelantamiento.
La carrera se volvió una danza feroz entre la estrategia, la rabia y lo que estaba dejando salir con cada giro de volante. Tenías razón, Harriet. No podía seguir pretendiendo que nada pasaba. Pero hoy... hoy, en esta pista, podía al menos convertirlo en algo que me empujara más lejos.
En la vuelta 38, cuando el coche casi se va al límite en una curva cerrada, sonreí. Porque por primera vez en semanas... me sentía libre. Y eso no tenía nada que ver con la victoria.
Tenía que ver con ella.
Vuelta 39. P3.
Los neumáticos ya no tenían el mismo agarre, el sudor me corría por la nuca, y sentía el pulso golpeándome en los oídos más fuerte que el rugido del motor.
—Gap with P1 is 1.3. You can do this, Jean —la voz de Thomas sonaba más tensa, pero también cargada de algo que no era solo estrategia.
Confianza.
Y justo eso me encendió algo dentro. Una chispa. Un fuego que no venía de la competencia.
Venía de ella.
Harriet estaría viéndome. Tenía que estar viéndome.
Apreté los dientes, y empujé más de lo que creía posible. En la recta, el DRS me acercó, y lo sentí: esa maldita hambre. No por ganar. Por demostrarle que esto era lo que hacía cuando podía soltar lo que me ahogaba. Lo que ella me estaba ayudando a ver.
Vuelta 41. P2.
Un adelantamiento limpio por dentro. Calculado. Puro instinto.
Vuelta 44. P1.
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Dos mundos
RomanceHarriet y Jean vienen de mundos opuestos. Ella quiere cambiar el mundo, él solo quiere ganar. Obligados a trabajar juntos en medio del caos de la Fórmula 1, lo que empieza como tensión se convierte en algo mucho más complicado... y tal vez imposible...
