Capitulo 17

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Jean

El sol comenzaba a asomar por las ventanas del comedor cuando llegué al lugar. La familia de Harriet ya estaba allí, todos en sus lugares, conversando animadamente. El aroma del café flotaba en el aire, y la mesa estaba llena de frutas, panes recién horneados, y demás cosas que normalmente no vería en mi desayuno habitual.

Me quedé parado unos segundos, observando la escena. Todos se veían tan cómodos en su entorno, con risas suaves y bromas familiares. La casa de los abuelos de Harriet tenía esa sensación de ser un lugar donde las personas se reunían no solo por obligación, sino porque realmente disfrutaban de estar allí.

—¿Cómo te encuentras, Jean? —preguntó el abuelo, quien se había acercado mientras me observaba en silencio.

—Todo bien, gracias —respondí, mirando rápidamente a los demás.

El abuelo asintió con una sonrisa divertida.

—Hoy vamos a montar a caballo, ¿listo para ello?

No pude evitar reír un poco. No era exactamente lo que esperaba para la mañana, pero ¿por qué no?

—¿Caballos, eh? —repetí, más para mí mismo. —Bueno, nunca está de más intentar algo nuevo.

En ese momento, la puerta se abrió y Harriet apareció, tan tranquila como siempre, con una camiseta sencilla y su cabello recogido. La miré un segundo mientras ella se acercaba a la mesa. Había algo en su presencia que me dejaba sorprendido, algo tan... natural.

—Buenos días —dijo, como si estuviera en su casa, lo cual, pensándolo bien, realmente lo estaba.

—Te estaba esperando para que empezáramos —dijo el abuelo con una sonrisa cómplice, mirando a Harriet. —Harriet, ya le has contado sobre los caballos, ¿verdad?

Harriet asintió mientras se servía un poco de café. Ella se volteo a mirarme

-Es nuestra tradición, aunque esta vez espero que el resto del día no se complique.

—¿Tradición, eh? —pregunté, levantando una ceja mientras me sentaba. —Supongo que lo intentaré.

Harriet me miró y sonrió, como si lo hubiera previsto.

—No te preocupes, Jean. Yo me encargaré de que no te caigas. Y si lo haces... al menos asegúrate de hacerlo con estilo.

La mesa se llenó de risas, y me sentí ligeramente fuera de lugar, pero también curioso. Podía ver cómo todos parecían disfrutar del ambiente familiar, de la calma que ofrecía la casa de los abuelos de Harriet. Un ambiente que no era ni de cerca el que estaba acostumbrado.

Uno de los primos, que parecía más joven que el resto, levantó la vista de su plato.

—¿Te has montado antes? —me preguntó, curioso.

—No mucho —respondí, sonriendo de vuelta. —Pero supongo que hoy será la primera vez.

Otra ronda de risas recorrió la mesa, y aunque sentía que el ambiente era distinto al que estaba acostumbrado, no me molestaba. Había algo genuino en este lugar. Algo que me atraía.

Despues de que todos acabaramos el deayuno se levantaron para salir hacia la entrada, yo solo los seguia, harriet estaba a un lado mio guiandome hacia un establo que estaba a un lado de los viñedos.

-Muy bien familia, ya saben lo que se hace.- el abuelo dijo eso y todos se metieron a buscar su caballo.

-Ven vamos.- Harriet me llevo hasta un espacio donde habia un caballo

-Esta es Miele-  dijo Harriet, señalando a una yegua de pelaje dorado, casi del mismo color que el sol que se reflejaba en la pradera.

La yegua levantó la cabeza al instante y se acercó a Harriet, frotándose contra ella como si la conociera desde siempre.

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