Harriet
Decidí que necesitaba "aire", eso fue lo que le dije a mi madre cuando me preguntó por qué salía del restaurante del hotel donde estabamos despues de la carrera. Mentí con una sonrisa, y ella no preguntó más. Kendall me lanzó una mirada que no necesitó palabras. Lo sabía. Claro que lo sabía. A veces creo que Kendall sabe lo que siento incluso antes que yo.
No era aire lo que necesitaba. Era él.
Caminar por el pasillo del hotel donde se hospedaba Jean se sintió como cruzar una línea invisible que habíamos estado bordeando durante semanas. Desde Italia. Desde Mónaco. Desde cada mirada que duraba un segundo más de lo debido. Desde cada mensaje que se quedaba a medias, conteniéndose. Desde cada llamada en la que nos despedíamos un poco más lento. Desde Silverstone, cuando volvió a mirarme como si no existiera nada más.
Toqué la puerta dos veces. Me tardé en hacerlo. Porque sabía que al abrirse... algo iba a cambiar.
La puerta se abrió. Jean estaba ahí. Camiseta negra, cabello desordenado, ojos intensos como si me hubiera estado esperando toda la noche.
El me ofrecio una copa de vino la cual acepte y me tome todo su contenido porque sabia que necesitba fuerzas para lo siguiente. No se que es lo que el pensaba pero sabia que era algo necesario para ambos.
No pude evitarlo. El ambiente entre nosotros ya estaba demasiado cargado, demasiado denso como para pretender que no pasaba nada. Lo vi acercarse y sentí cómo cada paso suyo aceleraba el pulso en mi cuello. No pensé. No podía. Cuando sus labios chocaron con los míos, todo explotó.
No fue dulce. No fue tierno. Fue urgente, feroz.
Como si lleváramos semanas bailando alrededor de una hoguera y finalmente el fuego nos hubiera alcanzado.
– No puedo esperar más –susurró contra mi boca. Y esa frase... esa maldita frase... hizo que se rompiera todo lo que había estado conteniendo.
Su cuerpo presionó el mío con una determinación salvaje, y sentí que me derretía. Su boca descendió por mi cuello, y mi respiración se hizo errática, mezclándose con la suya. Sus dedos recorrían mi espalda como si ya conocieran el camino, enviando chispazos eléctricos por toda mi piel.
Sin pensarlo, mis manos se deslizaron bajo su camiseta, buscando su calor, su piel. Me ardían los dedos por tocarlo.
Pero él me detuvo un segundo.
Solo uno.
– ¿Esto es lo que realmente quieres, Harriet? –me preguntó con voz grave, ronca, cargada de una necesidad que yo también sentía en carne viva.
No le respondí con palabras. No hacían falta.
Lo empujé contra la pared, mi cuerpo buscando el suyo con hambre contenida, y lo besé como si fuera lo último que iba a hacer.
Sus manos comenzaron a recorrer mi piel y yo solo pude aferrarme a él, como si todo el oxígeno estuviera en sus brazos. El deseo era tan tangible, tan punzante, que dolía. Cada roce, cada jadeo, era una derrota más en una guerra que ya habíamos perdido.
Mi espalda chocó contra la pared y sentí el contraste entre el frío del mármol y el calor de su cuerpo. Me estremecí, pero no de frío. Jean me sostenía con una mano en la cintura y la otra enredada en mi cabello, como si necesitara aferrarse a algo para no perderse.
Su boca volvió a la mía con más fuerza. Más hambre. Sus besos no buscaban convencerme, buscaban consumirme. Y yo... yo lo dejé. No podía hacer otra cosa.
Mis dedos recorrieron su espalda, su pecho, memoricé su piel con la yema de mis dedos como si no pudiera conformarme con solo verlo. Quería sentirlo todo.
Su camiseta terminó en el suelo. No sé en qué momento. Solo sé que su piel estaba contra la mía y eso bastaba para desatar algo dentro de mí. Me atrapó con la mirada, esa mirada intensa que siempre parecía leerme entera. Pero esta vez no tenía nada que esconderle. Todo lo que sentía estaba ahí, en mi respiración agitada, en mis labios temblorosos, en mis piernas rodeando su cintura.
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Dos mundos
Любовные романыHarriet y Jean vienen de mundos opuestos. Ella quiere cambiar el mundo, él solo quiere ganar. Obligados a trabajar juntos en medio del caos de la Fórmula 1, lo que empieza como tensión se convierte en algo mucho más complicado... y tal vez imposible...
