Capítulo 47

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Harriet

Han pasado los días, y aunque nos mantuvimos alejados de las cámaras por todo lo que ocurrió, hoy ha llegado el día de la inesperada gala benéfica. La misma gala que hemos estado organizando durante meses para los niños del refugio. Es un evento en el que hemos puesto tanto esfuerzo, tantos detalles, tantos planes, que la idea de que todo suceda finalmente parece un sueño. Miles de personas estarán ahí, todo el mundo estará observando, y la presión de que todo salga bien recae sobre nosotros.

Y, sin embargo, por primera vez, me siento nerviosa. No por la gala, no por la causa, sino porque hoy será también nuestra primera aparición pública como pareja.

Jean y yo decidimos que este sería el momento. El momento en que, después de todo lo que hemos vivido, finalmente tomamos ese paso. Lo dijimos en voz baja, entre nosotros: "Ya es hora de que todos sepan lo que somos ahora." La tensión que siempre estuvo entre nosotros, aquella que nos unió de una manera que ni yo misma entendía, está a punto de estallar. Y no sé si estoy lista para ello. Pero hoy, lo haremos.

El sonido del timbre me despertó antes de lo que esperaba. Miré el reloj en mi mesita de noche: las ocho y media de la mañana. Jean había dicho que vendría a desayunar conmigo, pero no pensé que llegaría tan temprano. Aun así, me levanté rápidamente, y salí de la habitación, no sin antes darme un par de minutos para asegurarme de que mi cabello no estuviera alborotado.

Al abrir la puerta, lo vi ahí, con una gran sonrisa en el rostro y un par de croissants en las manos.

—Buenos días —dijo, dándome un leve beso en la mejilla antes de pasar

El aire estaba fresco esa mañana, y el sol comenzaba a iluminar con suavidad la cocina.

—¿Ya te has dado cuenta de lo que está por suceder hoy? —dije mientras servía dos cafés en las tazas de siempre.

Jean se sentó en la mesa con una sonrisa juguetona, mirando alrededor como si nunca hubiera estado ahí antes, aunque había pasado tantas veces.

—Sé perfectamente lo que está por suceder —respondió, tomando uno de los croissants y mordiendo un trozo—. Pero, honestamente, no me siento tan nervioso como tú.

Yo lo miré incrédula, sintiéndome mucho más nerviosa de lo que me gustaría admitir.

—¿En serio? Porque a mí me está comiendo por dentro el saber que hoy, por fin, todo el mundo sabrá lo que somos.

Jean dejó la taza de café a un lado y me miró fijamente, como si pudiera leer cada pensamiento que cruzaba por mi mente.

—Es solo una fiesta, Harriet —dijo en voz baja, con esa calma que tanto me tranquilizaba—. Lo que importa es que estamos haciendo esto por una causa importante. Y, bueno... también porque, ya sabes, los demás finalmente tendrán que asumir que tú y yo estamos juntos, y que no nos importa lo que digan.

Reí entre dientes, agradecida por la forma en que él siempre encontraba la manera de hacer que todo pareciera más sencillo. De alguna manera, me calmó, aunque la emoción seguía en mi estómago.

—Lo sé, pero aún así, es raro... —admití mientras miraba por la ventana, observando cómo el día comenzaba a despejarse—. Siento que, en el fondo, es como si fuera la primera vez que realmente salimos al mundo como pareja, aunque llevamos mucho tiempo conociéndonos.

Jean dejó el croissant a un lado y se acercó, poniéndome una mano suavemente en el hombro, como si entendiera completamente lo que estaba sintiendo.

—Lo bueno de todo esto es que, aunque el mundo quiera hacernos ver como algo más complicado, esto es solo sobre nosotros. No tiene que ser una puesta en escena, no tiene que ser un espectáculo... simplemente, es lo que hemos elegido hacer juntos.

Dos mundosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora