Narrador Omnisciente.
Cuando Kara tenía ocho años, el mundo le pesaba más que a otros niños.
No porque no pudiera volar ni detener balas como en sus historietas favoritas , de hecho, se pasaba horas dibujando capas y rayos saliendo de los ojos, sino porque era distinta.
Distinta en una forma que los otros niños no entendían.
Y cuando los niños no entienden algo, suelen burlarse y suelen ser crueles.
—¡Es niño, no niña! ¡Tiene pilín! —Gritó uno de los chicos del curso, señalándola con el dedo lleno de mermelada.
—¡Mentira! ¡Seguro se lo inventó para llamar la atención! —Se sumó otra.
—¡Rara! ¡Rarita! ¡Mitad y mitad!
Kara se quedó quieta en medio del patio, con el corazón bombeándole tan fuerte en los oídos que no escuchaba bien las risas. Sus mejillas ardían, y sentía que si hablaba, si decía cualquier cosa, todo empeoraría. Ya lo había intentado antes. Decir que no era un chiste. Que no estaba "confundida". Que solo era ella. Que tenía pene, sí, pero que eso no le impedía saber con certeza que era una niña y que ellos no tenían porque opinar de su cuerpo, porque era cruel, porque se sentía mal.
Pero nadie la escuchaba. O peor: la escuchaban solo para reírse más fuerte.
—¿Qué pasa? ¿La princesa se va a poner a llorar?
El nudo en su garganta estaba a punto de romperse, cuando una voz inesperada cortó el aire.
—¿Y ustedes? ¿Se van a morir si se ocupan de sus propias vidas?
Todos voltearon.
Lena Luthor. Pelo negro impecable, falda sin una sola mancha, mirada filosa detrás de un libro de astronomía. No hablaba casi nunca. Nadie sabía si tenía amigos. Pero ahí estaba, de pie entre Kara y la pequeña turba de acosadores.
—¿Qué dijiste, Luthor? —Espetó uno de los chicos, cruzándose de brazos.
—Dije que están siendo unos imbéciles. —Lena cerró su libro con un golpe seco, como si estuviera zanjando un debate.— ¿Y qué si Kara tiene pene? ¿Eso les afecta en qué? ¿Les duele? ¿Les impide sumar dos más dos?
Hubo un murmullo de incomodidad. Algunos se rieron. Otros bufaron. Uno hizo un sonido de asco.
—Qué asco tú, que hueles como si no te hubieras bañado en tres días.. —Soltó Lena, fulminándolo con la mirada.— Que no entiendas algo no te da derecho a humillar a los demás. Lo único raro aquí es lo obsesionados que están con los genitales ajenos, pequeños estúpidos. Váyanse.
Los niños se alejaron entre murmullos. Algunos la insultaron por lo bajo. Pero se fueron.
Kara seguía quieta. Sus puños estaban cerrados, sus ojos llenos de lágrimas que se negaban a caer. El alma en carne viva.
Lena se acercó, sin una pizca de miedo, y se sentó a su lado.
—¿Por qué te metiste? —Preguntó Kara, con voz temblorosa. — ¿No te doy asco?
—Porque estaban siendo unos idiotas y no iba a permitir que te hicieron sentir mal. —Respondió ella, encogiéndose de hombros, como si fuera lo más lógico del mundo.— No tienes nada de malo, Kara. Ellos solo no entienden.
Sacó una manzana de su mochila y se la tendió con una sonrisa, la sonrisa más linda que Kara hubiese visto.
Kara la tomó con manos temblorosas.
—Gracias... —Murmuró.
—¿Quieres que me siente contigo un rato?
Kara asintió. No habló más. Lena tampoco. Solo se quedaron ahí, sentadas en el borde del jardín, compartiendo una manzana en silencio.
ESTÁS LEYENDO
One Shot Supercorp
FanfictionOne shot Supercorp de creación propia, algunos serán según la serie, otros serán de universos alternos.
