N/A: Me costó, pero salió. Disfruten
Narrador Omnisciente.
Lena Luthor había aprendido a vivir rodeada de silencios. No de los silencios incómodos que piden ser llenados con palabras, sino de esos densos, pulcros, cargados de rutina. Sus días transcurrían entre reuniones interminables, informes de L-Corp que revisaba hasta la madrugada y una soledad que parecía haberse convertido en parte de su mobiliario: estaba en los sillones de cuero perfectamente ordenados, en los ventanales que daban a la ciudad, en la vajilla sin estrenar de su cocina.
Había creído que esa quietud era sinónimo de control, de estabilidad. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, sentía que algo faltaba. El eco de sus pasos en el departamento se le hacía más frío; el aire, demasiado inerte. Lena sabía que no estaba hecha para depender de nadie; la independencia se había convertido en una armadura, pero tampoco era ajena a la necesidad de compañía. Una compañía que no le exigiera explicaciones, que no la mirara con juicio, que no supiera nada de apellidos ni de herencias.
Una tarde, al volver de la oficina con un cansancio que se le metía hasta en los huesos, encontró a Kara dormida en su sofá, los lentes torcidos en la nariz y un montón de papeles desparramados a su alrededor. Lena se detuvo a mirarla; esa escena doméstica, caótica y cálida, le arrancó una punzada en el pecho. Kara aparecía y desaparecía en su vida con la naturalidad de un huracán; y aunque Lena no lo admitiera en voz alta, esos instantes donde la casa dejaba de ser un mausoleo eran los únicos en los que se sentía realmente en paz.
Cuando Kara despertó y se fue, llevándose su torpeza encantadora y la huella de sus risas en las paredes, Lena volvió a quedarse sola. Fue en ese instante cuando lo supo; necesitaba llenar el vacío. No con alguien que pudiera marcharse de improviso, sino con una presencia constante. Un ser que la esperara al llegar, que se acurrucara en el sofá sin importar los titulares que pesaran sobre su apellido.
El pensamiento la sorprendió tanto que sonrió.
—Un perro... —Murmuró para sí misma, como probando el sonido en su boca.
Recordó la niñez en la mansión Luthor, llena de prohibiciones absurdas; ni mascotas, ni juegos en el barro, ni nada que pudiera "ensuciar la imagen familiar". Su madre le había repetido hasta el cansancio que los animales eran un estorbo. Quizás por eso, la idea de adoptar uno ahora no solo era una búsqueda de compañía, sino también un gesto de rebeldía tardía.
Así, al día siguiente, Lena se dirigió a un refugio local. Entre ladridos, colas agitadas y miradas brillantes, algo en ella se suavizó. Allí lo encontró; un cachorro enorme, mezcla de razas imposibles, con ojos inteligentes, azules y un cuerpo que parecía hecho para ocupar más espacio del debido. Cuando lo vio correr torpemente hacia ella, como si la reconociera de toda la vida, supo que no tenía vuelta atrás.
Al firmar los papeles de adopción, Lena se sorprendió de lo ligera que se sentía. Como si, por primera vez en mucho tiempo, hubiera tomado una decisión solo para sí misma.
Lo que no sabía era que esa elección iba a despertar un tipo de celos que jamás habría imaginado... y que cierto huracán rubio no pensaba dejar pasar por alto.
El ascensor se detuvo en el último piso y las puertas se abrieron con un suave "ding". Lena apareció con una correa en una mano y, en la otra, un montón de bolsas de alimento y juguetes que el voluntario del refugio insistió en darle. A su lado, el perro avanzaba con pasos torpes, demasiado grande para su corta edad, con la lengua colgando y los ojos azules atentos a cada movimiento de su nueva dueña.
—Bienvenido a casa, grandulón. —Dijo Lena al entrar en el departamento, empujando la puerta con el hombro. — Es espaciosa, espero que te sientas cómodo.
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One Shot Supercorp
FanfictionOne shot Supercorp de creación propia, algunos serán según la serie, otros serán de universos alternos.
