La princesa y la científica.

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Narrador Omnisciente.

La atmósfera de ese mundo era distinta.

Más densa. Más viva. Más fría.

Kara Zor-El descendió del cielo sin honor ni gloria, empapada por la tormenta que había ignorado y con la capa hecha jirones por el viaje interdimensional. Aterrizó con torpeza, las botas hundiéndose en el lodo mientras los aldeanos huían a esconderse tras puertas de madera vieja. Nadie saludó a la princesa kryptoniana. Nadie le ofreció posada. Solo la observaron con miedo, como si sus ojos azules fueran un presagio.

Ella no los culpaba. No cuando ni siquiera sabía qué esperaba encontrar allí.

No cuando el mundo al que pertenecía la había despedido como se hace con una falla diplomática.

Una mujer que había puesto en ridículo a su familia por haber roto un matrimonio político con la futura embajadora de Saturnia. Kara lo rompió todo. Por amor. Por vergüenza. Por dignidad. A veces no lo sabía. Solo sabía que dolía.

Por eso estaba allí, siguiendo el vago presagio del oráculo de Rao:

"Encuentra al Oráculo de Hierro. Donde el metal respire, hallarás el calor perdido."

Y entonces vio la torre.

Altísima, cubierta de enredaderas, con humo blanco escapando de una chimenea ladeada, y zumbidos mecánicos flotando en el aire como si la construcción respirara. Era una mezcla de castillo y fábrica. Del interior se oía el silbido agudo de una máquina viva, intercalado con chasquidos de soldadura y el zumbido grave de algo eléctrico.

Lo supo de inmediato: allí.

Lo que sea que estaba buscando, estaba dentro.

Tocó la puerta una vez.

Nadie respondió.

Esperó exactamente cinco segundos.

La abrió de una patada.

Un pequeño cilindro salió volando desde el interior y explotó en humo denso frente a ella.

—¡¿Pero qué clase de troglodita real entra así a una casa privada?! —Gritó una voz desde la penumbra, ronca, furiosa y claramente femenina.

Kara agitó la mano para disipar el humo, medio tosiendo. Dio un paso dentro.

—¿Este es tu sistema de defensa?

—¡Eso era un silenciador de flujo! ¡¿Sabes lo que cuesta conseguir uno?! —La silueta emergió por fin. Cabello recogido en un moño desordenado, rostro manchado de grasa, una bata abierta hasta los muslos dejando entrever unas piernas peligrosas, y un destornillador humeante en la mano. Su mirada era afilada. Su voz, más peligrosa que cualquier artefacto en la habitación. Y su belleza... absolutamente desarmante.

Kara tragó saliva.

—¿Tú eres el Oráculo de Hierro?

—Soy Lena Luthor. Ingeniera arcana, alquimista y diseñadora de armas letales. Y estás a diez segundos de que active una trampa letal si no sales por donde entraste.

Kara dio un paso más.

—Mi alma te reconoció antes que mis ojos.

Lena parpadeó. Una vez. Desconcertada. Luego volvió a levantar el arma.

—¿Estás borracha o simplemente eres estúpida?

—Estoy perdida. —Respondió Kara, sin moverse, sin apartar la mirada.— Y tú eres el único mapa que quiero seguir.

One Shot SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora