¿Qué pasaría si fuera Lena la bebé que salió de un planeta destruido para llegar a Kryptón?
Narrador Omnisciente:
La noche en Kandor parecía hecha de cristal y silencio. Las torres brillaban como agujas de hielo bajo la luz tenue de Rao, el gran sol rojo que colgaba inmóvil en el cielo. No había viento, no había rumor. Solo la perfección inquebrantable de Krypton.
Hasta que el cielo se quebró.
Un grito de fuego rasgó la atmósfera, arrancando destellos azules a la cúpula protectora de la ciudad. En las torres de vigilancia, los centinelas alzaron sus miradas, y los sensores de las casas nobles zumbaron en alerta.
En la residencia Vex, una de las más antiguas y respetadas de Kandor, Laureen se incorporó de golpe. Su túnica blanca cayó a sus pies cuando cruzó la sala de investigación, los datos flotando frente a ella en pantallas translúcidas.
—No es kryptoniano. —Susurró.
—No es nada conocido. —Añadió Myon Vex, detrás de ella, ajustando los cálculos. —Una cápsula de escape, tecnología primitiva. Esto... esto viene de fuera de todo lo que hemos cartografiado. — El hombre dejó su discurso suspendido un par de segundos. — Esta es tecnología básica.
Cuando llegaron al lugar del impacto, el silencio era casi solemne. La nave estaba hecha pedazos entre el cristal azul de las llanuras. Un caparazón abierto, metal doblado, cables rotos... y en el centro, un bulto diminuto envuelto en una manta gris oscuro.
Laureen contuvo el aliento al acercarse. Myon alzó una mano para detenerla, pero ella ya estaba hincada en el suelo.
—Es... una bebé. —Murmuró, como si el sonido pudiera romperla.
La niña no lloraba. Tenía el cabello negro azabache pegado a la frente, húmedo por el calor del descenso, y unos ojos verdes enormes, de un verde profundo que parecía absorberlo todo. Estaba quieta, solo mirando, respirando con dificultad, mientras sus ojitos curiosos se movían con premura entre las dos personas que la observaban.
—Su estructura no es kryptoniana. —Advirtió Myon, hincándose junto a ella. —Su corazón late demasiado rápido. Su piel... apenas tolera nuestra atmósfera. No sobrevivirá.
—Es tan pequeña... —Laureen le apartó un mechón pegado a la frente, sintiendo cómo su propio pecho dolía. —Y aun así cruzó el vacío. Llegó hasta aquí.
—Laureen, piénsalo bien. Esto no es una criatura cualquiera. No sabemos de dónde viene ni por qué. Puede ser una amenaza. O una carga. O simplemente... un error.
Laureen lo miró. No como matriarca. No como científica. No como política. Lo miró como madre.
—Si Rao nos la envió, ¿cómo no voy a abrirle los brazos? —Susurró. —¿Cómo puedo dejar que muera aquí, sola, cuando ha cruzado un océano de estrellas solo para tener una segunda oportunidad?
Myon apretó la mandíbula. Era un hombre de cálculos, no de fe. Pero al mirarla a ella, sosteniendo a la niña, acunándola contra su pecho mientras la pequeña soltaba al fin un débil suspiro, supo que estaba perdido; el hombre supo que el amor que tenía por su mujer no le permitiría decir que no.
—Necesitará suplementos específicos. Cápsulas de oxígeno. Un protocolo nutricional único. Terapias celulares.
—Lo tendrá. —Dijo Laureen, con un brillo decidido en los ojos. —La haremos fuerte. La haremos nuestra.
Esa noche, mientras Rao seguía brillando sobre Kandor, Lena Luthor; bebé humana, enviada desde un planeta lejano, envuelta en un destino desconocido, se quedó dormida en los brazos de la mujer que decidió llamarla hija.
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One Shot Supercorp
FanfictionOne shot Supercorp de creación propia, algunos serán según la serie, otros serán de universos alternos.
