Narrador Omnisciente.
Desde hacía años, Kara Danvers y Lena Luthor mantenían un equilibrio precario entre lo que eran y lo que no se atrevían a ser. Las amigas perfectas. Las cómplices eternas. El tipo de vínculo que cualquiera juraría que escondía un amor silenciado. Y acertarían.
Porque había miradas que se detenían un segundo más de lo permitido, abrazos prolongados que parecían querer memorizar piel, y silencios donde cabía todo lo que no decían.
Era un secreto gritado a voces, en donde cada persona que las rodeaba sabía lo mucho que ellas dos deseaban amarse y que ninguna se atrevía a dar ese paso crucial.
—¿No es raro que sigas viniendo a mi casa a cuidar mis plantas más de lo que yo lo hago? —Preguntó Lena, recibiéndola en bata de seda.
—¿No es raro que tus plantas parezcan morir cuando no me ven durante tres días? —Replicó Kara con una sonrisa descarada, extendiéndole una bolsa con panecillos calientes. — Incluso me atrevería a decir que tu morirías de hambre si yo no viniera con tanta frecuencia.
Entre bromas y excusas, se seguían encontrando. Una y otra vez. Disfrazando amor de costumbre. Y deseando, secretamente, que alguna noche algo, cualquier cosa, rompiera el hechizo de su autocontrol.
La ecatombre se desató una noche de martes, una noche tranquila que marcó el derrumbe de esas paredes cuidadosamente alzadas para autocontrolarse.
Esa noche, fue algo real lo que lo rompió, fue la última piedra que cayó.
Lena recibió un paquete sellado con el emblema arcano de Morgana, su mentora. Dentro, un libro sin título, de cubierta oscura y textura reptiliana, palpitaba como si tuviera vida. Al abrirlo, Lena sintió una vibración sutil recorrerle las yemas de los dedos. Lo conocía. Lo temía.
Horas más tarde, con la torre en completo silencio y las luces encantadas flotando sobre su cabeza, Lena exploraba sus páginas. Algunos encantamientos estaban en idiomas que reconocía: élfico antiguo, latín arcano, incluso uno en kriptoniano alterado. Pero otros...
Kara había insistido que cansada no podría comprender nada, pero ella era testaruda, así que pese a que la Kriptoniana aguantó lo más que pudo, se quedó completamente sola intentando descifrar esos nuevos conocimientos.
—¿Qué diablos es esto? —Murmuró con frustración, pasando los dedos por una página sin título. Solo un círculo negro, girando lentamente cuando lo miraba de frente.
Era tarde. Tenía sueño. Estaba harta de buscarle sentido.
—Solo uno más. ¿Qué puede salir mal?
Lena recitó el encantamiento en voz baja. El aire pareció contener la respiración. Una vela titiló. Y... nada.
—Claro. Magia sin efectos. Qué original. — Gruñó. — Que idiotez.
Cerró el libro, se frotó los ojos y se rindió por esa noche. Kara, que la había acompañado un rato, se había ido hacía una hora, dejándole un beso en la mejilla y una sonrisa que aún le ardía en la piel; la dejó con el recuerdo de esos hermosos ojos azules bailando en su mente.
Lejos de allí, en su apartamento, Kara Danvers cayó rendida en su cama. Se puso su pijama habitual, una camiseta vieja y ropa interior cómoda, cerró los ojos, y se dejó abrazar por la oscuridad.
El sueño llegó rápido.
Y con él, Lena.
La vio en un salón de piedra, con la luz de la luna acariciándole la piel. Vestía un corsé negro que se abría como pétalos húmedos entre sus pechos. Sus labios rojos llamaban a pecar. Sus ojos brillaban como si supieran todos los secretos del universo.
ESTÁS LEYENDO
One Shot Supercorp
FanfictionOne shot Supercorp de creación propia, algunos serán según la serie, otros serán de universos alternos.
