Narrador Omnisciente.
El mercado de objetos místicos no aparecía en mapas. Ni siquiera tenía un nombre. Lena Luthor había llegado allí empujada por una mezcla de tedio y lluvia: una mañana gris, una caminata sin destino y una esquina que no recordaba haber visto antes. Las gotas golpeaban su abrigo cuando un anciano le levantó la lona de una carpa oscura, sonriéndole con una reverencia anticuada.
—No vendo cosas comunes. —Dijo con voz gastada, mientras su mano temblorosa indicaba el interior.— Solo recuerdos que aún no han ocurrido.
Lena frunció el ceño, empujada por una mezcla de escepticismo y curiosidad. Dio un paso adentro. El aire olía a polvo antiguo y a canela húmeda. Estanterías se alzaban torcidas, atestadas de cosas imposibles: relojes que caminaban hacia atrás, plumas que escribían palabras que desaparecían al leerlas, muñecas de porcelana con los ojos cerrados pero pestañas que temblaban al paso.
Y entre todo eso, lo vio.
El espejo.
Estaba arrinconado, cubierto por un velo semitransparente. Su marco era de hierro forjado, retorcido como enredaderas muertas. La superficie estaba empañada, pero no por polvo ni suciedad. Parecía... respirar. Como si contuviera niebla atrapada del otro lado.
Lena estiró la mano y corrió la tela con cuidado.
Y entonces se vio.
Pero su reflejo no la imitó.
Parpadeó. Dio un paso hacia un lado. El reflejo no se movió.
Y luego, otra figura apareció en el vidrio, entrando en escena como si se filtrara desde otra realidad.
Kara.
El corazón de Lena se detuvo.
No era la Kara que conocía de eventos públicos y entrevistas torpes. No. Era una Kara descalza, con una camiseta demasiado grande; ¿esa camiseta era suya?, con el cabello recogido en un moño flojo y una sonrisa tranquila que solo se le regala a quien se ama.
En el reflejo, Kara se acercaba a ella por detrás. Lena, la Lena del otro lado, estaba en una cocina distinta, más cálida, con estantes de madera y flores frescas en un florero. Sostenía una taza entre las manos, y cuando Kara la rodeó con los brazos, se apoyó instintivamente contra su pecho.
—No dormiste bien. —Dijo Kara en un susurro que Lena sintió en la piel, a pesar del cristal que las separaba.
—Soñé contigo. —Respondió su reflejo, con una voz más suave que la suya, más suelta.
—¿Malos sueños?
—No. Sueños como este.
Kara sonrió. La besó en la mejilla. Luego en el cuello. Luego en la mandíbula. La Lena del espejo rio, cerrando los ojos.
—Vamos a llegar tarde. —Dijo, fingiendo protesta.
—Entonces beso más rápido. —Respondió Kara.
Y lo hizo.
La tomó del rostro con ambas manos y la besó. No como un saludo. No como un juego. Sino con ese tipo de contacto que nace de los días compartidos, de la intimidad aprendida, de una promesa que no necesita palabras.
Lena, la real, se aferró al borde del espejo como si el vidrio pudiera darle algo de estabilidad. El beso continuaba. Profundo. Con los cuerpos tan juntos que casi dolía.
Y entonces, con un leve parpadeo... la imagen desapareció.
Solo quedaba su reflejo.
Sola. Inmutable.
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One Shot Supercorp
फैनफिक्शनOne shot Supercorp de creación propia, algunos serán según la serie, otros serán de universos alternos.
