La princesa y el guardián.

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N/A: Llevo días trabajando en esto, porque me bajó la locura. Disfruten.

Narrador omnisciente

Palacio de Argo, Reino del Norte

El amanecer teñía de oro las torres de Argo. Desde su puesto junto al umbral del jardín sur, Kara Zor-El mantenía la espalda recta, las manos enlazadas detrás, y los sentidos más alerta de lo que sus superiores exigían.

A lo lejos, la princesa Lena Luthor caminaba descalza entre los setos en flor. Levantaba con cuidado el dobladillo de su vestido verde claro, manchado de rocío y tierra. Para cualquier otro, sería una imagen menor. Para Kara, era el corazón palpitante de sus días.

No eran las coronas, los discursos ni las galas lo que le robaban el sueño. Era la manera en que Lena sonreía a las flores como si le respondieran. El modo en que trataba a los sirvientes con un respeto inusual para su estatus. La manera en que, cada noche, trepaba la biblioteca hasta las estanterías más altas buscando respuestas que los consejeros no podían darle; era la manera en que esa intrépida joven hacía uso de la agilidad que le daba montar para escaparse a ver la luna cada vez que esta estaba llena.

—La princesa no debe andar descalza, mi lady. —Murmuró Kara en voz baja, más para sí que para reprender.— Se va a enfermar y su padre la reprenderá.

Lena, como si oyera el pensamiento de su guardiana, giró la cabeza. Su cabello oscuro brillaba bajo el sol y sus ojos verdes destellaron con una picardía que Kara conocía demasiado bien.

—No digas eso, capitana Danvers. El césped aún no me ha delatado ante mi padre. Tú tampoco deberías hacerlo. —Lena sonrió con fuerza, solo para desatar un sonrojo tenue en sus mejillas.— Además, sé que eres demasiado adorable como para hacerlo.

—Mi deber es protegerla... incluso de los peligros invisibles. —Respondió Kara, sin poder evitar la sombra de una sonrisa.— No me ponga en una posición complicada, princesa.

—¿Y el césped es uno de ellos? —Preguntó Lena, divertida.

El césped no. Pero lo que siento cada vez que te miro, sí. Pensó Kara, tragando saliva y desviando la mirada.

Días después

Salón de lectura del ala oeste

El sonido de las páginas era lo único que rompía el silencio matutino. Lena estaba sentada junto a la ventana, con un libro abierto sobre el regazo y un mechón rebelde cayendo sobre su frente. Kara, apostada en la puerta, fingía leer informes de seguridad que ya conocía de memoria; pero lo cierto es que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no tomar ese mechón y colocarlo suavemente en su lugar.

—Capitana. —Llamó Lena sin alzar la mirada del libro.— ¿Sabías que las flores de lavanda significan devoción?

Kara la observó desde su sitio, quedando atónita ante la imagen idílica que proyectaba Lena al reflejo de la luz del sol.

—No lo sabía, mi lady. Aunque tiene sentido. Son resistentes. Fieles a su ciclo, incluso cuando el clima cambia.

—Como tú. —Murmuró Lena, y luego ocultó su sonrisa tras la tapa del libro.

Kara sintió un leve calor en la base de la nuca. Ese tipo de comentarios no ayudan, princesa. No cuando las noches ya son bastante largas sin usted. Pensó una vez más la guardia.

No pudo evitar sentirse completamente inquieta, deseando furiosamente abrazarla de manera poco propia para su rol, así que simplemente decidió tomar un poco de distancia para poder pensar en algo diferente.

One Shot SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora