Marcas y Pertencicas. - Kara G!P

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Narrador Omnisciente.

El sol se filtraba a través de los ventanales de L-Corp con la elegancia propia de una mañana poderosa. Todo olía a café recién hecho, a impresiones de alto costo y a esa particular mezcla de perfume caro y tensión disfrazada de profesionalismo que siempre rodeaba a Lena Luthor. Su traje estaba impoluto, su cabello recogido en un moño bajo que dejaba al descubierto la elegancia de su cuello pálido y esa expresión impenetrable que solo Kara Danvers lograba leer.

Kara estaba ahí, como todos los martes de reunión corporativa, en su rol de asesora externa enviada por el Consejo Científico Kryptoniano para colaborar con las investigaciones tecnológicas mixtas. Aunque oficialmente estaba para entregar informes y hacer seguimiento de acuerdos, lo cierto era que nunca le importaba tanto la ciencia como Lena.

Sentada a su lado en la sala de conferencias, Kara no dejaba de mirarla. Cómo sostenía el lápiz entre los dedos, cómo se inclinaba hacia adelante para hablarle en voz baja al asistente, cómo entrecerraba los ojos al escuchar algo que no le agradaba.

Y fue entonces cuando él llegó.

Elliot Vaughn. Ejecutivo de rostro bronceado, dientes perfectamente blancos y ese tipo de sonrisa que sabía demasiado bien lo que hacía.

—Lena. —Dijo con familiaridad, posando una mano en su antebrazo al saludarla.— Estás radiante, como siempre. Ese color te queda... provocativo.

Kara parpadeó. Dos veces.

Luego entrecerró los ojos.

El roce fue breve, pero suficiente para disparar una alerta ancestral en su cuerpo kryptoniano. En Krypton, los contactos físicos sin vínculo eran poco comunes, mucho menos con tal libertad. Y la manera en que Lena se rio suavemente, por cortesía y no por agrado, tampoco ayudó a calmarla.

—Gracias, Elliot. ¿Tienes los reportes?

—Claro. Aunque honestamente, no sé cómo logras combinar tanto talento con esa belleza. Es injusto para el resto del mundo. —Añadió, mirándola como si Kara no existiera a su lado.

La kryptoniana tensó la mandíbula. Sentía algo burbujeando en su pecho, una necesidad extraña de afirmación, una especie de impulso posesivo que jamás había sentido con tanta fuerza. No era enojo, no del todo. Era algo más antiguo, más primitivo. En Krypton, las uniones eran marcadas con gestos físicos sutiles pero significativos. Besos en los nudillos, presión sobre la clavícula... o marcas sobre la piel.

Y Kara... quería marcar a Lena.

Horas más tarde, mientras Lena terminaba una llamada por videoconferencia y los pasillos se vaciaban tras el horario de oficina, Kara se acercó. Había estado callada gran parte del día. Observadora. Tensa.

—¿Terminaste? —Preguntó con voz suave, casi ronca.

Lena alzó la mirada desde su tablet. Estaba agotada, pero al ver a Kara, sus hombros se relajaron un poco.

—Sí. ¿Todo bien? Has estado... callada.

Kara ladeó la cabeza.

—¿Podemos hablar un segundo? Afuera. Solo tú y yo.

Lena parpadeó, confundida, pero asintió. Salieron al pasillo lateral, donde apenas quedaban luces encendidas. Un silencio íntimo y cómodo se formó entre ambas mientras caminaban unos pasos. Entonces, sin previo aviso, Kara se giró y la abrazó.

—¿Kara?

—Solo... un segundo. —Su voz era más grave de lo usual. El abrazo fue firme, protector. Kara apretó su nariz contra el cuello de Lena, aspirando su aroma como si necesitara grabárselo. Lena no se resistió. Solo dejó que la envolviera.

One Shot SupercorpHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora