Narrador Omnisciente.
La lluvia caía con rabia sobre los cristales del departamento, como si quisiera romper la tensión que se anudaba dentro.
Kara temblaba, no por el frío, sino por el peso de los días sin Lena. Por el sonido seco de su voz cuando la echó la última vez. Por el mensaje sin respuesta. Por el insomnio que dolía más que los huesos rotos. Y por eso estaba ahí, de pie frente a la puerta de Lena, empapada hasta los huesos, con los nudillos marcados de tanto dudar.
Tocó. Una vez.
Nada.
Dos.
Un crujido. Cerraduras liberadas. Y la puerta se abrió con un golpe seco.
—¿Tienes idea del descaro que hay que tener para aparecerte así? —Escupió Lena sin saludar, los ojos brillando por todo lo que no había llorado. — ¡Lárgate!
Kara tragó saliva.
—Tenía que verte.
—¿Para qué? ¿Para seguir mintiendo?
—No fue una mentira. Fue...
—¿Una omisión? ¿Una protección? ¿Una torpeza? —Lena retrocedió un paso, el cabello alborotado, las mejillas enrojecidas por la rabia acumulada.— Siempre tienes excusas. ¡Siempre!
Kara entró sin permiso. Cerró la puerta detrás de ella con un suspiro resignado.
—No vine a pelear.
—¿Y qué querías entonces? ¿Un abrazo? ¿Un perdón sin consecuencias? —Lena tomó el primer objeto a la mano, una libreta pesada, y la arrojó sin medir. Kara la esquivó con facilidad, pero no respondió. — ¡Desaparece, maldición!
—Deja de tirar cosas.
—¡Entonces deja de venir cuando aún me duele verte! —Bramó Lena. Lanzó un cojín, una vela, un libro. Todo lo que su cuerpo dolido podía cargar.
Kara se acercó, con las manos en alto.
—Te vas a lastimar, Lena.
—¡Tal vez es lo que quiero!
Y entonces fue ella quien se lanzó. Con los puños cerrados, con los dientes apretados. Golpeó el pecho de Kara, una, dos, tres veces. Cada golpe era un reclamo que su garganta ya no podía pronunciar.
Kara no se defendió.
Solo cuando Lena alzó el brazo con fuerza y perdió el equilibrio, Kara la atrapó por la muñeca.
—¡Basta! —Susurró, ahogada. — Te vas a hacer daño.
Ambas forcejearon. Las piernas de Lena tropezaron con la alfombra. Kara intentó sujetarla pero falló, haciendo que cayeran estrepitosamente sobre la alfombra.
El mundo giró y terminó con Kara encima, su rodilla entre las piernas de Lena, su mano apretando las muñecas de la mujer contra el suelo.
Respiraban como si hubieran corrido kilómetros.
La mirada de Lena era una herida abierta.
Y entonces, lo sintió.
—¿Estás... excitada? —Jadeó, indignada, mirándola directo. — ¡Estás dura!
Kara no dijo nada. Pero la presión contra su pelvis era clara. Ella también lo había notado: el inicio de una erección, traicionera, ansiosa, brutal.
—Claro que lo estás. —Susurró Lena, entre furia y sorna.— Qué típico. Siempre queriendo arreglar todo con una erección y una cara de cachorro arrepentido.
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One Shot Supercorp
FanfictionOne shot Supercorp de creación propia, algunos serán según la serie, otros serán de universos alternos.
