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Aunque no se hablaba de reconciliación en voz alta, ni de volver oficialmente, Bucky y Carey parecían encontrar una nueva forma de coexistir. Más serena. Más madura. Más comprometida, sobre todo, con lo que venía: el bebé.

Se quedaban despiertos en la noche hablando en susurros, como si decir las cosas en voz alta pudiese romper el hechizo. Bucky, que nunca había sido bueno expresando lo que sentía, encontraba en las pequeñas acciones —un té caliente antes de dormir, un sillón bien armado con mantas, una caricia en la espalda— su forma de decir estoy aquí.

Parecía mentira lo que esa cabaña les había hecho a todos. Estaban tan tranquilos, tan felices, incluso Lucas había conseguido olvidar lo que le había hecho Wanda y la trataba como si nada hubiera pasado, sin que le costara. Quizás la quería tanto que le era imposible separarse de ella, quizás esos días apartados de todo era una pequeña tregua que le quedaba para disfrutar de su matrimonio una última vez.

Una tarde, algunos días después, se encontraban todos afuera de la cabaña, disfrutando del aire fresco de la tarde y el sol rosáceo del cielo. Jerome, Lucas, Annie y Alan correteaban de un lado para el otro, intentando enseñarle y jugando a fútbol con la niña. Wanda anotaba las puntuaciones y solo se oían las risas y las quejas de ellos en aquel encantador ambiente.

Bucky los observaba sentado en el porche, con una sonrisa discreta y cruzado de brazos. No se sentía tan bien desde hacía años, era la primera vez que se sentía en familia, que no se sentía una carga en la familia de alguien más, como le había pasado en anteriores ocasiones con Steve o con Lucas.

—Buenas... —escuchó detrás de él la voz dulce de Carey. Él se giró y le tendió la mano, ayudándola a sentarse en el escalón de debajo de él.— ¿qué tal va el partido?

Bucky la abrazó por detrás y le dio un beso en el hombro.

—Hmm... Sorprendentemente, Annie y Alan juegan mejor. —murmuró con una risita, besando ahora su mejilla.— ¿cómo vas tú?

Pasó sus manos por debajo de su camiseta, acariciando con cariño su vientre.

—Más o menos, antes me sentía súper mareada pero ya estoy mejor. —se estremeció ante el tacto de él.

—¿Tienes náuseas? —preguntó con curiosidad. Carey apretó los labios al recordar que en realidad, Bucky no sabía nada del embarazo. No había vivido nada de ese proceso y no sabía nada.

—Sí, por las mañanas habitualmente. —murmuró.— pero si como algo rápido se me van.

Él asintió, pensativo.

—Lamento no haber estado antes, Care. Yo... Debería de saber estas cosas. —su vista estaba perdida, estaba castigándose mentalmente.

Ella no respondió de inmediato, pero respiró fuerte.

—No me sirve de nada que te castigues ahora, Bucky. —dijo finalmente, en voz baja, sin mirarlo—. No me hace sentir mejor. Tampoco a ti.

Él la apretó con suavidad contra su pecho, sus brazos envolviéndola como si al sostenerla pudiera sostener también el tiempo perdido.

—Lo sé. Pero lo siento igual. —susurró con sinceridad.

Carey bajó la vista hacia sus manos sobre su vientre. Las de él eran grandes, seguras, y ahora estaban allí. No cuando lo necesitó, pero ahora. Quizás eso era lo que más la confundía: tenerlo cerca y al mismo tiempo, no saber si podía confiar en que se mantuviera así.

—Me da miedo que esto sea solo por el bebé. —confesó ella, mirando al frente. El partido continuaba con risas, y Alan acababa de tropezar con Annie en una escena digna de una comedia.— Que estés aquí por sentido de responsabilidad... o por culpa.

Who is? | Bucky BarnesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora