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Los días fueron pasando con una lentitud, y antes de darme cuenta, ya faltaba apenas un día para el gran momento. Solo veinticuatro horas para que mi vida diera un giro de trescientos sesenta grados. Todavía no había noticias de Harry, y sabía que seguía sin completar la misión que Dumbledore le había encomendado. Eso me inquietaba, pero lo que más me tenía en vilo era lo que estaba a punto de suceder... con Hermione, con nuestro hijo, con nosotros. Estaba tenso. No podía evitarlo.
Hermione... ella era mi mayor preocupación. Aunque las náuseas habían disminuido, cada mañana seguía levantándose con prisa para correr al baño. Lo único que me tranquilizaba era su apetito; seguía comiendo con ganas, y eso me daba algo de paz.
Durante esos días no nos separamos. Dormía conmigo cada noche, y antes de que los demás despertaran, se escabullía de vuelta a su dormitorio para cambiarse. Sin embargo, por las noches me quedaba despierto, observándola dormir. Escuchaba su respiración pausada, la forma en que a veces murmuraba entre sueños. Y yo... yo me aferraba a esos instantes como si pudieran protegernos del caos que se avecinaba. No podía dormir. No cuando sabía que, en tan poco tiempo, todo podría cambiar para siempre.
- Draco... — la voz de Pansy me sacó del silencio. Estaba sentado en la cama, con los codos apoyados en las rodillas y las manos enredadas en el cabello. Apenas levanté la vista cuando ella entró — Harry lo logró. Está con el profesor Dumbledore ahora.
- Bien — murmuré sin fuerza. Me pasé las manos por la cara, tratando de despejarme, aunque el agotamiento seguía ahí, firme, en cada rincón de mi cuerpo — ¿Puedes prometerme algo? - Pansy me observó con atención. Su expresión cambió, se volvió más seria. Se acercó un poco, en silencio - Eres la única a la que puedo pedírselo... porque sabes todo y.... no estás en contacto con... ellos — dije con un leve temblor en la voz.
- Quieres que cuide a Hermione, ¿verdad? — adivinó, con esa intuición suya que rara vez fallaba. Asentí - ¿Va a estar... todo bien?
- No lo sé... — confesé, mirando al suelo. El miedo no me dejaba pensar con claridad. Ella guardó silencio unos segundos, mordiéndose el labio.
- Es mañana, ¿verdad? — Asentí de nuevo — No te preocupes. Tú enfócate en lo que tienes que hacer. Yo me encargo de ella — dijo mientras se sentaba a mi lado y apoyaba una mano reconfortante sobre mi hombro.
- Sabes cómo es de... obstinada — dije con un hilo de voz, sintiendo cómo el nudo en mi garganta se hacía más apretado — Si sospecha algo, querrá estar justo en medio de todo. Y yo... — me detuve un segundo, notando cómo la vista se me nublaba — no quiero que le pase nada. No a ella. Y mucho menos al bebé.
Pansy me miró en silencio unos segundos antes de hablar:
- Por eso no has dormido, ¿verdad?
- ¿Cómo lo sabes? — pregunté, genuinamente sorprendido. Había intentado disimularlas con hechizos, sobre todo para que Hermione no notara nada y no se preocupara más de lo que ya estaba.