Sarah Cooper
— ¡Ya despierta!—vuelve a decir, esta vez arrojándome un cubo de agua helada en la espalda.
— ¡¿Cuál es tu maldito problema?!—exclamo incorporándome del frío.
—Ya es hora—demanda, sujetando las esposas entre sus manos.
Me paralizo al instante tratando de respirar y expulsando el aire por mi boca, me preparo mentalmente para volverme hacia ella, segundos después me obligo a ponerme de pie con dificultad y dejo que me coloque las esposas. Cuando la vampiro ya está segura de que no pueda escapar salimos de la habitación, la brisa al salir hace que se me pongan los pelos de punta por el frío, y mi camiseta empapada no ayudaba para nada.
Me quedo en blanco al ver el desastre que hay al atravesar el pasillo; cuerpos por todas partes, vampiros limpiando los destrozos de las lámparas rotas, varios hoyos en la pared. Lo peor claro, está al salir al patio, los árboles yacen en el suelo mientras unos hechiceros ayudan a Nemo y a sus amigos a salir de un auto abollado, las columnas del edificio están hechas pedazos y los hechiceros tratan de evitar que todo se derrumbe.
— ¿Qué fue lo que pasó aquí?—susurro para mis adentros.
—Tus amigos intentaron rescatarlas a ti y a tu prima— dice la chica sujetándome del brazo.
No.
— ¿En dónde...están ellos?—titubeo.
—En el sótano—Elízabeth hace su aparición en el techo del edificio.
— ¿Que les hicieron?—mis ojos comienzan a humedecerse.
No podía llorar, no frente a ellos.
—Nada, aún—dice antes de dar un paso al frente y caer al suelo delante de nosotras—. Serán los primeros en probar los efectos del Vamperus—nos informa, esbozando una sonrisa de suficiencia.
Agacho la cabeza, privándola de todas las miradas ajenas que me observan con burla.
—Sigamos—la chica tira de mi brazo y continuamos nuestro recorrido.
Los hechiceros, y algunos de los vampiros, caminan detrás de nosotras mientras el alcalde Robert Mathews es escoltado junto con otros líderes hechiceros. Caminamos por un sendero imaginario que se supone nos guiará hasta la cueva del Vamperus. Miro a mi alrededor con las lágrimas en mis ojos y observo, como los Vookers observan el desfile hacia la muerte de los vampiros, puedo ver a Liar desde en donde estoy, como mira a los hechiceros con odio y rencor, después se vuelve hacia mí por lo que desvío la mirada, si sigo así romperé en llanto. Liar y los demás Vookers se pierden de nuevo entre los árboles frondosos del bosque.
Cuando al fin hemos llegado a la cueva que más bien parecía una roca enorme cubierta de musgo, justo detrás, a lo lejos una bella cascada adorna el paisaje. Y a unos quince metros de donde estoy puedo ver algo increíble, el legendario Arco Mítico, hasta ahora sé que es real aunque después de todo lo que ha pasado debí suponerlo.
Es un cuento de niños.
Hace más de cientos de años, cuando el mundo estaba al tanto de la existencia de las criaturas sobrenaturales, a lo que ellos consideraban como demonios, las brujas se vieron en la necesidad de buscar un refugio, un lugar en donde los humanos no podrían hacerles daño. Juntaron los dos abetos más frondosos del bosque, construyendo así una entrada que sólo los seres sobrenaturales podrían cruzar, dándole refugio a cualquier criatura que lo necesitase.
Claro que al pasar de los años con la evolución de las criaturas, alguna que otra le da mal uso a este lugar, los humanos no pueden entrar, a menos que estén muertos claro, así que algunos vampiros depositan los cadáveres de sus presas allí dentro, en donde nadie pueda encontrarlos.
Sin embargo, en cuanto la entrada se construyó, como siempre, los humanos no se quedaron atrás, tenían a una bruja de su lado, la cual fue asesinada por los Vookers, pero antes de morir, la bruja ya había construido un arco también: El Arco Natural, el cual únicamente humanos podían cruzar.
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The Creatures
VampireSarah Cooper creyó que su vida como estudiante en la Universidad de Mellow Ville estaría repleta de café, noches sin sueño y proyectos mortales, sin embargo, las cosas resultan diferentes al conocer a un chico de ojos azules del cual siente una mist...
