cartas, cajas, accidente, somnífero y azul

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(Nick)

Cuando nuestros brazos se tocaron yo... me quedé paralizado, su mirada no dejaba la mía, sus ojos verdes tenían un brillo extraño, era preciosos, me encantaban, pero un defecto era que me quedaba mirándolos hasta que ella apartaba la mirada. Elizabeth se separó un poco. ¿Habrá sentido lo mismo que yo?

Cuando me confesó que no sabía jugar me extrañó, su padre era muy buen jugados, supongo que no le habrá enseñado.

Empezamos por un juego fácil, era de coger y hacer parejas. Jugué con ella unas cuantas partidas, mientras lo hacía nuestras manos se tocaban de vez en cuando produciéndome dulces escalofríos.

-Ahora es el turno de jugar tú sola- dije a regañadientes, me habría quedado cerca de ella durante más tiempo.

-Está bien, a ver cómo lo hago- estaba dudosa. Yo reí, seguro que lo hacía bien.

Jugamos unas cuantas partidas de juegos trampas y risas.

-¡Eres un tramposo!, no es justo- le decía Elizabeth a Dylan, él se había guardado varias cartas y ella se había dado cuenta.

-No es lo que parece, se habrán caído- dijo riendo.

-Claro amigo, y yo me chupo el dedo, estás eliminado- intervino Paul

-Antes también hiciste lo mismo, lo sabía, sabía que siempre ganabas- dijo Jane con los mofletes llenos de aire.

-Si el pierde...¡yo gano!- rió y dio unas cuantas palmadas.

-Pero...

-Si pierdes gana Elizabeth, admítelo has perdido, amigo- rió Paul

Yo ya había terminado y observaba la escena recostado en el sillón con una copa en la mano. Solté una carcajada por su actitud, había ganado una partida y parecía la mujer más feliz. A Dylan era difícil ganarle, pero porque se sabía miles de trucos y trampas para ganas. Me extrañaba que le pillaran, era muy meticuloso

-¿Has oido Nick?, ¡he ganado!- rió de buena gana.

Me había llamado Nick sin corregir, me puse aún más contento, sabía que era una estupidez pero solo un pequeño detalle servía.

-Has ganado, y te lo mereces- tomé un sorbo de mi bebida.

Jane también reía mucho, hacía tiempo que no la veía tan feliz.

Dylan tenía una cara divertida y enojada.

Paul pincaba a Dylan diciendo que había perdido.

En ese momento de gran risa alguien llamó a la puerta. Todos pararon de reírse.

-Pase- grité para que se escuchara al otro lado de la puerta.

De ella salieron el mayordomo Sbruble y la doncella de Elizabeth. Pero sus caras... estaban muy serias, no me gustó en absoluto.

-Milord... hay una carta, ha sido enviada ahora mismo, la carta poseía un paquete- Scruble tragó saliva.

-¿A estas horas?, ¿no es un poco tarde?

-Sé que es tarde para recibir cartas, con todos mis respetos, pensaba entregarsela mañana, pero al ver la caja del paquete me ha hecho recapacitar.

-Bien, entrégame tan carta por favor- Scruble miró a la doncella y ella se acercó con la carta extendida. La cogí. Ya tenía un mal presentimiento, reconocí el papel y no quería ver el interior.

Miré a los demás, todos me miraban con caras de intriga.

Mentalmente empecé a leer la carta.

Una vida contigo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora