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(Nick)
-¿Qué te parece su hablamos más tranquilamente en mi despacho tomándonos unas copas?- me dijo el rey.
Asentí.
-Sería un placer.
-Bien, mientras Lady Elizabeth y yo nos iremos conociendo más, además, de seguro que estará cansada y le apetecerá un buen baño- dijo la reina sonriente.
-Sí, majes....Catalina.
Miré a Elizabeth, se la veía nerviosa, pequeña, pero estaba hermosa y terriblemente dulce. Un pequeño rizo pelirrojo se le saltó del peinado y descansaba en su frente, pero eso la hacía verla más hermosa.
-Sus aposentos se encuentran en la segunda planta, mi esposa te guiará.
-Por supuesto, vamos pequeña...
La reina se levantó y le tendió una mano a mi prometida, a la que ella se la cogió y desaparecieron por la gran puerta en unos segundos.
-Me habías dicho que necesitabas mi ayuda...
-Cierto, necesito tu ayuda. Eres el último recuso que me queda.
-Bien, vamos a mi despacho, allí nadie escuchará nada que no le convenga.
En los pasillos pude ver que desde la última vez había cambiado las pinturas.
-Quería hacer renovación, a mi mujer no le gustaban los antiguos retratos.
-Veo que serás padre de nuevo- dije dándole un pequeño codazo.
Éste rió.
-Sí, esta vez tendré suerte. Amo mucho a Catalina, más que a mis antiguas mujeres será especial, lo tiene que es ¿no?- en su voz había esperanza pero a la vez ansia.
-Debes dar tiempo al tiempo, no puedes esperar que a la primera tengas un varón. El cuerpo es un misterio.
-Pero mayoría de los antiguos reyes de mi dinastía tuvieron herederos de primero. ¿Porqué yo no?
-Tal vez no estés preparado.
El rey abrió la puerta y entramos. Su despacho no había cambiado nada. Escritorio lleno de papeles, al lado una gran chimenea con cuatros grandes sillones y una mesa llena de botellas con diferentes licores.
Mientras servía dos copas de licos el rey habló:
-Todavía no me puedo creer que te vayas a casar con la mujer a la que siempre has querido.
-Yo aún tampoco me lo puedo creer, tantos años esperándola, tantos sufrimiento cuando su padre hablaba con caballeros de gran estatus es algo que... no tengo palabras.
Ruffini rió.
-Eres un hombre afortunado, tus hijos serán tan listos como su padre.
Me tendió una copa, la tomé y le di un sorbo.
-Creo que para los niños aún falta mucho tiempo.
-¿Por qué lo dices? ¿No crees que ella te quiera?
-No es eso... sé que siente algo por mí pero... este matrimonio... por su parte ha sido a la fuerza. Le daré el tiempo que desee y más. Tengo que hacer las cosas bien. No puedo perderla.
-Bueno, bueno. ¿Dónde está el hombre que por cada batalla que ganaba lo celebraba una semana con las mejores putas del reino?
-Es una parte de mi pasado en la que no estoy orgulloso.
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Una vida contigo.
RomanceUn día como otro cualquiera, te dan una noticia que cambiara tu vida, pero...¿Y si no estas de acuerdo con ello? Pues Elizabeth Lemacks no está de acuerdo y hará lo que haga necesario para no cumplir las órdenes de su padre pero... y si esa noticia...
