CAPITULO 17 | ¿Cuando se tendría que viajar?

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Miro por la ventanilla del automóvil, observo varios edificios unos en remodelación, otros abiertos y unos abandonados. Suspiro. Necesito un respiro, después de lo sucedido casi no pude pegar el ojo en toda la noche. Sebastián un día de estos me va a matar o dejarme loca por todas y cada una de las estupideces que me hacer cometer, pero más idiota soy yo de seguirle la corriente en cada uno de ellas. El auto se detiene con brusquedad para salir de mis pensamientos.

-¿Qué pasa? -pregunto al chofer.

-El auto de al frente dio un corte en forma de zigzag- explica.

-Entiendo- pronuncio. Veo la luz cambiar a verde puedo ver el edificio de la empresa de construcción. Mis abuelos deben de estar revolcándose en la tumba. Desde que tome la presidencia en mis manos, exactamente una semana. No he podido dedicarle tiempo. Tengo que tomar el control de mi vida en mis manos y manejarlo como siempre lo he hecho. Suspiro al ver que estamos frente al edificio de mi empresa.

-Gracias, cuando vaya a bajar les aviso- Ya el escolta me tiene la puerta abierta. Tengo que reconocer que me han servido de utilidad. Me ayudan en lo que necesito, no solo en protegerme. Al entrar al área de información, así como leen. Ya que hay más de una empresa en este edificio. Una de ellas es el bufete de abogados del socio de mi padre Rafael.

Al salir del elevador me encuentro a par de empleados en la sala de juntas, espero que hablando de algún proyecto. Veo a mi secretaria una señora de aproximadamente sesenta años. Ya debería de jubilarse. Al verme me sonríe.

-Buenos días seño... Disculpe, Camila- ella misma se corrige.

-Buenos días Carmencita- le devuelvo el saludo. Entro a mi oficina. Escucho los pasos de mi secretaria detrás de mí. Dejo mi bolso en una gaveta específicamente para guardar los objetos personales.

-Hoy tiene reunión del proyecto de Punta Cana que la empresa tiene a cargo. La reunión semanal para informar los avances en todas las construcciones -me informa- ah... el abogado Rafael Mendoza pidió una cita- añade.

-Gracias, la cita dile que si es referente a un trabajo de construcción se puede reunir con uno de los arquitectos o ingenieros. Sí es algo personal, dile que estoy ocupada que llame luego- comunico.

-Anotado, la primera reunión es dentro de veinte minutos- avisa para que me prepara. Tengo que admitir que es muy eficiente.

-Gracias, en la reunión pasada no había ni café, ni agua. Puedes enviar al mensajero a comprar esas dos cosas, me gusta que los empleados estén a gusto y que la empresa agradecido con ellos- sonríe.

-Me agrada, permiso- murmura y se retira con una sonrisa en los labios. Verifico el correo electrónico de la empresa y veo las minutas adjuntas, los descargos para leerlas y no estar perdida en la reunión. Al terminar de leer los puntos más importantes, veo mi reloj. Faltan cinco minutos. Agarro las minutas y mi agenda no pueden faltar. Salgo encontrándome a Carmencita dando unas ordenes desde su teléfono. Paso por su lado hasta la sala de juntas donde todavía siguen los empleados envuelto en una conversación, no se percatan de mi presencia.

-Esta pared no debe ir, hay más espacio en el área- asumo que es ingeniero.

-Sí, pero la pared da un toque elegante, además divide ambas áreas y fácilmente se puede colocar un cuadro- explica el otro empleado, por lo que escucho es un Arquitecto. Suspiro. Es momento de interrumpir su discusión.

-Buenos días-pronuncio. Ellos se voltean y se quedan de piedra sin gesticular ninguna silaba por mi presencia. Dejo mis cosas en la silla del presidente para mirarlos uno a uno.

-Buen día- uno de ellos reacciona.

-Veo que están comprometidos con el proyecto- comento.

-Sí, es que la empresa Soler son muy exigente con sus hoteles y la dueña no estaría contenta su perdemos a su mejor cliente- expone otro. Al escucharlo no puedo evitar que se formara una sonrisa.

-Me da gusta escuchar decir eso, da mucho que decir de ustedes. Supongo que le gusta su trabajo- tanteo.

-Sí, nos gusta lo que hacemos, aunque la paga no sea la mejor- comenta otro. Esas palabras me ponen alarmarme, tengo que verificar sus remuneraciones que sean las adecuadas. Me acomodo en la silla y hago la anotación reunirme con el departamento de recursos humanos.

-Perdón que le comenté, pero en esa silla va el abogado de la presidenta que es el representante- me explica el más callado. Sonrió. Varias personas más entran, se saludan entre sí y se miran pidiendo saber quién soy. Se nota que ellos trabajan en las construcciones y no en los departamentos.

-Creo que estamos todos, solo falta el abogado -dice uno-. ¿Usted señorita es nueva? -pregunta.

-Gracias por preguntar. Sí soy nueva, el abogado Riviera ya no va a estar con nosotros como mi representante. De ahora en adelante estaré presente y manejando la empresa desde aquí -expongo-. Me presento, Soy Camila Soler Peña presidenta de Construcciones Peña & Asociados- añado.

-Yo...- dice el que se quejó de los salarios. Le sonrió y le hago un gesto con la mano para que no se preocupe.

-Podemos empezar, el primer punto es el proyecto de la empresa Soler- pido. En seguida el personal a cargo de la construcción en Punta Cana, República Dominica se levanta para acomodarse y proyectar a la pantalla lo que tiene preparado. Empieza hablar de todos los avances mostrando fotos, videos entre otras cosas. Explicar cómo se ha desarrollado el proyecto de Punta Cana.

-Se tiene que designar un administrativo a ver la obra o ir los dueños directamente- concluye.

-¿Cuándo se tendría que viajar? -pregunto.

-No puede exceder de un mes- responde. Asiento y anoto en la agenda. Él me entrega una carpeta bastante gorda, supongo que es todo lo que presento del proyecto. Durante toda la mañana estamos debatiendo de los diferentes proyectos.

Suspiro. Fue una mañana estresante. Miro la pantalla de mi teléfono y son las una y treinta de la tarde. Espero que Carmela no se enfade por llegar tarde al almuerzo que me preparo. Un retraso de treinta minutos. El chofer se estaciona frente a la casa de Carmela y me ayuda a bajarme. Al llegar toco el timbre y rápido abren la puerta. Quien me recibe nada menos que Sebastián con una sonrisa. Al verlo detenidamente su rostro está más relajado que ayer, afeitado y recortado, sus ojeras no están tan pronunciadas. Me jala por el brazo para hacerme entrar.

Me planta un beso, que hace que me recueste en la puerta. Coloco mis manos en sus musculosos brazos, mientras Sebastián me agarra por la cintura. Sus labios son deliciosos, dulces y suaves y carnosos. Es una combinación que no todos tienen. Me siento dichosa de poder disfrutarlo con total confianza. Se separa un instante y vuelve a pegar sus labios con los míos. Esta demás decir que siento la respiración entrecortada. Empieza a retroceder sin despegar sus labios de los míos.

-No es el momento ni el lugar adecuado para que intenten hacer sus cochinadas-empujo a Sebastián al escuchar la voz de Carmela.

«§»
¿Que les pareció el capítulo? No voy a decir mucho, solo que el próximo será una montaña rusa. 😁😉
Nos leemos el martes para el próximo capítulo. No olviden agregar mi nueva historia "¿Qué quieres de mi? A su biblioteca y a sus listas de lecturas. 😁

PUBLICADO: Viernes 14 de julio del 2017

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