Su risa me tranquiliza. Me giro para abrazarlo por el cuello. Le doy un beso tierno y dulce en sus labios carnosos. El camina un poco y provoca que camine hacia atrás.
-Me asustaste, no vuelvas a dejar tu teléfono. Por poco y me vuelvo loco- expone.
-Está bien. Lo atare a mi mano para que no se me olvide- replico. Me besa los labios, su mano se posa en mi nuca para profundizar el beso, pero es interrumpido.
-Vaya los tortolitos- dice. Al separarnos me asusto ya que veo a Sandy con una pistola que apunta en nuestra dirección. Mi corazón comienza a galopar más fuerte de lo normal.
-Baja el arma- pide Sebastián.
-No, la verdad venia por la mujercita esta, pero no pensé encontrarte aquí Sebastián. Aunque tengo que admitir que me salió mejor de lo que esperaba- expresa con una sonrisa maliciosa.
-No te vas a salir con la tuya- replico.
-Eso lo veremos querida- Sebastián me agarra por la cintura y me coloca detrás de él. Mi respiración comienza a entrecortarse, siento que no me llega a los pulmones. Me aferro a la camisa de Sebastián.
-No entiendo cómo pudiste ser capas de enviarme a la cárcel. Dices amarme, pero me haces daño. Eso no es amor. Escúchame bien, lo que tenía contigo era sexo y lo sabes. Estas loca si pensaste que iba a tener algo formal contigo. Fuiste ingenua. No sé qué te llevo hacer todo lo que hiciste. ¿Quién es tu cómplice? ¿Quién te ayudo? ¡Habla! - expone.
-Me crees estúpida para decirte, te equivocaste conmigo Sebastián. Primero muerta antes de decirte quien es mi cómplice. Averígualo si quieres, mientras este libre. Ten un ojo abierto y otro cerrado mientras duermes, porque cuando menos te lo esperes ahí estaré para aprovechar cualquier oportunidad- advierte.
Me pongo delante de Sebastián para enfrentarla, decirle par de verdades. Esta mujer está loca. Aprieto fuerte mis manos, siento que la circulación se detiene.
-Escúchame bien loca- interrumpí.
Ella suelta una carcajada que hace que me detenga de lo que voy a decirle. Su mirada es fría y escucho la detonación se su arma. Todo lo veo en cámara lenta. El cuerpo de Sebastián me empuja y caigo debajo de él. Un fuerte golpe recibe mi cabeza, me turba. Me deja tonta.
Miro a Sebastián hacer un gesto de dolor. Paso mi mano por sus hombros seguido de sus brazos. Se queja. Se arrodilla para no aplastarme con su peso, mientras veo como sale corriendo con los ojos aguados. Mi mirada se fija en el cuerpo de Sebastián el brazo derecho tiene sangre. Miro mi mano y esta manchada.
-¿Estas bien? -pregunta.
Asiento. Veo los guardias de seguridad se acercan junto con mi escolta. Al ver a Sebastián piden ambulancia.
-¿Qué paso señorita? -pregunta el guardaespaldas que siempre va de copiloto.
-Sandy nos atacó, se fue por las escaleras- respondo.
-Voy a intentar alcanzarla- dice. Saca su arma y se va en la dirección que le dije. El otro ayuda a poner de pies a Sebastián, luego a mí. Me acerco para ver la piel brotada y abierta. Sollozo. Lo abrazo por los costados para no hacerle daño. Es mi culpa. Me agarran por el hombro para separarme de Sebastián. Me limpio las lágrimas.
-No llores- pide Sebastián.
-Vamos al frente del edificio, la ambulancia está en la esquina- dice el guardia de seguridad.
El escolta me agarra por el brazo y el de seguridad ayuda a Sebastián que no vaya a caerse. Al entrar al edificio todos están reunidos buscando el chisme de última hora. Al ver a Sebastián herido se sorprenden. Veo la ambulancia fuera abriendo sus puertas traseras. Al salir del edificio el paramédico se acerca a Sebastián.
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Rendirte Jamás
Novela Juvenil¡Detente! Segundo libro de la historia de !Prohibido!, la continuación de "¡Jugar con Fuego!", no comiences a leer esta historia si no has leído la anterior. Te habrás perdido detalles sumamente importante para poder entender "Rendirte Jamás". Est...