Me levanto con las caricias de Sebastián en mi espalda. Sonrió. No puedo evitar darle un beso en su torso antes de mirarlo. Al mirarlo, el acaricia mi nariz con su dedo índice.
-Buenos días dormilona- susurra.
-Gracias, pero no soy dormilona. ¿Qué hora es? -replico.
-Tenemos una hora para vestirnos y desayunar, porque nos recogen- responde.
-Bueno, voy a mi habitación- informo.
-Mi beso- se queja.
-Tengo la boca sucia...- sus labios presionan los míos. Sonríe al separarse.
-Ahora si te puedes ir- murmura. Me guiña el ojo y sale de la habitación con su pantalón en las caderas dejando ver su anatomía. No puedo evitar morderme el labio inferior. Se va directo al baño. Me levanto con ganas de seguirlo.
«Recuerda que estas en tus días- llega mi conciencia».
En serio no te puedes quedar callada. Tan imprudente, aunque me estoy acostumbrando a ti. Me voy directo a mi habitación hasta llegar al baño. Enciendo la regadera para un buen baño antes de bajar a desayunar.
Al salir me encuentro a Sebastián recostado en mi cama, con un pantalón crema y una camisa verde. Busco en el closet un pantalón y una blusa de botones. Vuelvo al baño a ponerme la ropa. No quiero provocarlo.
Al salir del baño lo veo frente al cristal que divide la habitación y el balcón. Parece pensativo que ni cuenta se ha dado que he salido del baño. Lo abrazo por la espalda lo que provocó que se asuste.
-Vamos a desayunar- comento.
-Sí- murmura.
Se voltea y me da un casto beso y me agarra la mano. Entrelaza nuestros dedos. Mi corazón forma un baile en mi pecho. Será que sus palabras son ciertas cuando llego a España. Cierra la Puerta de la habitación me lleva hasta el elevador. Este se abre a los segundos de presionar el botón. Presiono el botón de la recepción y las puertas se cierra. Me abraza por la espalda seguido de un beso en mi cabeza.
-Te confieso algo- comento.
-¿Qué? -pregunta.
-Me gusta estar así contigo- contesto.
Las puertas del ascensor se abren y salimos. Sebastián vuelve y entrelaza nuestros dedos hasta llegar al restaurante para desayudar. Me ayuda a sentarme y el mesero se acerca a tomar nuestra orden. El anota cada una de lo que pedimos.
-Sabes cuándo términos de ver la obra podemos ir a darnos un baño en la playa- comenta Sebastián.
-No puedo, estoy en mis días. Lo único que quiero es regresar a la habitación en cuanto acabe de revisar la obra- gruño.
-Amaneció de malas. Mira que tengo un buen método para cambiarle el humor- mueve sus cejas de arriba hacia abajo.
El mesero se acerca, por lo que prefiero quedarme callada. Hago un gesto de reírme, pero de forma bien plástica. Me llevo la taza de café a los labios. ¡Que rico! Para el sistema y poder trabajar mejor.
-Buen provecho- dice antes de llevarse el tenedor a la boca.
Pruebo la avena que pedí, mientras él se come unos huevos revueltos. Agarro un poco de avena y se la doy para que la pruebe. Sebastián hace un gesto de desagrado, mientras se niega a probarla.
-Tú te lo pierdes- me encojo de hombros.
Seguimos comiendo en un silencio cómodo, donde único habla es nuestras miradas. Se acerca y me da un casto beso. Le robo una tostada y le doy un mordisco, luego se la devuelvo. Le hago un gesto enseñando todos mis dientes.
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Rendirte Jamás
Teen Fiction¡Detente! Segundo libro de la historia de !Prohibido!, la continuación de "¡Jugar con Fuego!", no comiences a leer esta historia si no has leído la anterior. Te habrás perdido detalles sumamente importante para poder entender "Rendirte Jamás". Est...
