CAPITULO 32 | Siéntate Sebastián

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Toco la puerta antes de entrar. Estos dos días han sido difícil en esta casa. Por un lado, la intransigencia de mi padre por otro lado, está la imprudencia de Sebastián. Escucho el -adelante-. Abro la puerta con cuidado y veo a Sebastián colocando su última maleta en el piso. Me sonríe.

-No quisiera que te fueras- hago un gesto de desagrado.

-No queda de otra, fue la condición que puso tu padre. No voy a dejarte- susurra cerca de mis labios.

-Si tan solo le pusiéramos nombre, fuera más fácil- comento.

Sebastián resopla. Me planta un beso en mis labios para que deje de hablar. Pasa su mano por mi cuello para profundizar el beso. Le doy acceso a mi boca para que juegue y la explore como él sabe hacerlo. Mi respiración comienza a faltar por la profundidad del beso. Paso mis manos por su espalda baja y lo pego a mi cuerpo. Muerdo su labio. Nos separamos con lentitud, su frente reposa en la mía.

-Ya tengo que ir para dejar todo acomodado y luego ir a la empresa- notifica.

-Entiendo- susurro.

Agarra la maleta y con su otra mano agarra la mía para entrelazarla. Abro la puerta para que no me suelte. Salimos y siento el pasillo es corto, se va rápido cuando ya estamos bajando las escaleras. Veo a Miranda con sus ojos llorosos. Al llegar al último escalón se aferra a su espalda y llora. Un taco se forma en mi garganta y mis ojos comienzan a picar. Suelto su mano para que la abrace.

-Voy a estar bien tía- susurro.

-Yo debo irme contigo- solloza.

-Claro que no. Estás enojada con Camilo, pero es comprensible soy tu sobrino, él tu esposo y tienen un hijo que tiene que crecer en un hogar- expresa.

-¡Que vas hacer solo! Tú me necesitas- dice. Se la despega de su pecho y lo hace mirar a los ojos.

-No sigas enojada con Camilo. El único culpable soy yo, soy adulto y asumo las consecuencias. Voy a estar bien. Te prometo que te voy a llamar todos los días y vendré a verte. No llores más tía, no me gusta verte llorar. Eres más bonita cuando sonríes- expone.

-Está bien, pero prométeme que si pasa cualquier cosa me vas avisar. Eres mi hijo mayor, aunque no te lleve en el vientre. Eres mi hijo no lo olvides- exige.

-Está bien para que estés más tranquila, Carmela me presto su casa y voy a vivir con ella. Bueno los días que ella vaya, ya que se la pasa aquí y no quiere dejar de trabajar. Voy a estar en buenas manos- informa.

Al escuchar esas palabras me reconforta. Sé que Carmela no va a dejar que pase hambre, ni que pase ningún tipo de necesidad porque lo quiere como un hijo. Veo como le da un beso tronado en su mejilla, provoca que sonría. Vuelve y lo abraza con fuerza.

-Me tengo que ir- comenta.

Se despega y se voltea a verme con una media sonrisa. Me planta un beso suave. Quiero detener el tiempo para que este beso nunca termine. No sé cuándo vuelva a besar sus labios. No sé cuándo me vaya a buscar para compartir con él. Siento que, al irse de esta casa, no voy a volver a tenerlo conmigo y estar entre sus brazos. Se separa con lentitud sus ojos se fijan en los míos.

-No salgas sin escoltas. Sigue todas las reglas para que no te pase nada. Al estar lejos de ti siento que no puedo protegerte- confiesa.

-Voy a estar bien, te lo prometo- levanto mi mano derecha.

-Ven a vivir conmigo. Me sentiría más tranquilo- aclara.

-Mi deber es estar aquí de momento- susurro.

Rendirte JamásDonde viven las historias. Descúbrelo ahora