Sorpresa! Ya se me desaparecí mucho tiempo. Jejeje Disfruten el capítulo. Ya estamos llegando a la recta final de esta historia.
Escucho el ruido de un motor a lo lejos. Es como si fuera una motora. Me tapo la cara con la almohada para amortiguar el ruido. Un golpe en mi nalga me hace quede sentada, luego sin evitarlo me acaricio mi nalga. Arrugo la frente para ver a Sebastián con la televisión prendida con el control en la mano, unos audífonos con un micrófono. Le doy un golpe en el antebrazo.
-¿Por qué me das? -pregunto.
-Porque estoy perdiendo en el juego online. Además, es hora que te vayas levantando- responde.
-Eso no te da derecho a darme en mis nalgas, hay formas de levantarme- dejo de acariciarme mi nalga.
Tengo que admitir que pico el golpe, espero que no se ponga morado. Fue un bruto. Me voy por su espalda y le planto un beso en los labios, pero de una manera que no vea la pantalla para que pierda con gusto. Lo agarro por las mejillas, siento el forcejeo que hace para deshacerse de mis labios. Lo suelto con una sonrisa burlona.
-Me hiciste perder Camila- gruñe.
-Para que la próxima vez lo pienses dos veces antes de despertarme-
Me levanto de la cama, camino hacia la salida moviendo mis caderas para salir de la habitación para ir a la cocina y preparar algo para desayunar. Abro la nevera para encontrarla bien surtida. Me paro frente a ella, no tengo ganas de cocinar. Saco la leche, la dejo encima del comedor. Busco entre las puertas del gabinete para ver una bolsa de cereal.
-¿Qué vas hacer de desayunar? -pregunta.
Me agarra por la cintura, su barbilla hace presión en mi hombro. Acaricia mi vientre por debajo de su camiseta. Sus manos están frias. Giro mi cabeza un poco y sus labios se apoderan de los míos en un beso juguetón. Muerdo su labio inferior. Se despega de mi con su lentitud habitual.
-Cereal con leche. Es lo más rápido y no tengo que quemar la cocina de Carmela- digo.
-Está bien por algo se empieza- comenta.
Me agarra las nalgas para levantarme del suelo y enredo las piernas en sus caderas. Me agarra muy bien por la cintura. Me deja sobre el comedor. Tiene una sonrisa pícara. Hace a un lado mi cabello, deposita un beso en la curva de mi cuello y el hombro, sube deja otro en el centro del cuello, escala hasta llegar a la entrada de mi mejilla, luego deja uno en plena mejilla, llega a la nariz hasta llegar a mi boca. Sonríe encima de mis labios.
-Creo que debemos desayunar, tengo que ir a mi casa para cambiarme e ir a la constructora- aclaro.
-Me acabas de aguar la fiesta- replica.
-Qué te parece si el fin de semana nos vamos a un hotel, los dos solitos y nos quedamos en la habitación todo el día- sugiero.
-Muy tentador, creo que me estas corrompiendo- susurra en mis labios.
Me ayuda a bajar de la mesa para servir el desayuno. Sebastián busca los platos hondos, los deja en la mesa y añado la leche. Él se acomoda en su silla y deja una cuchara en mi plato. Me acomodo, me sirvo del cereal y él me imita. Remojo el cereal para llevarlo a mi boca.
-¿No sabes cocinar? -pregunta.
-Sí, pero a veces me da flojera- me encojo de hombros.
Al terminar de desayunar, levanto los platos para llevarlo al fregadero. Los lavo y los dejo escurriendo en el área que Carmela designo. Me seco las manos para que no se moje el piso con las gotas que caen de mis manos. Sebastián me sorprende levantándome con sus manos.
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Rendirte Jamás
Teen Fiction¡Detente! Segundo libro de la historia de !Prohibido!, la continuación de "¡Jugar con Fuego!", no comiences a leer esta historia si no has leído la anterior. Te habrás perdido detalles sumamente importante para poder entender "Rendirte Jamás". Est...
