CAPITULO 35 | Solo déjame amarte

315 61 9
                                        

Estaba tirada en el sofá de la antesala con una botella de licor, la sostenía como a un bebé. Al darse cuenta de mi presencia. Se levantó como si viera un fantasma. Me agarro por el ante brazos y comenzó a zarandearme.

-Mami, me lastimas- solloce.

-Me tienes harta, quiero que te vayas y me dejes en paz. No soporto verte- grita.

Me zarandea más fuerte que caigo en el piso, sin escrúpulo alguno comienza a darme fuertes golpes con los pies. Me arrastro para que no me dé, pero es inútil. Lo único que hago es llorar y taparme la cara con mis manos.

Me agarra por el cabello y me levanta para darme par de bofetadas en las mejillas. Siento el líquido amargo en mi boca. Quiero que llegue mi tía. Porque mi madre no me quiere. Deja de golpearme, sin fuerzas caigo al piso.

-Quiero que te mueras, no quiero verte nunca- logro escuchar.

Mis ojos se van cerrando, no quiero verla, pero tengo que irme a mi habitación. No tengo fuerzas para levantarme. Un golpe en mi estómago, siento que se me va a salir mis tripas por la boca. Mis ojos se apagan en total oscuridad.

No sé en qué momento mis lagrimas descendían por mis mejillas, como termine abrazando a Sebastián por la espalda. Lo acune entre mis brazos. Lo que me conto no es ni la mitad de lo que quiere decirme. Sus mejillas estaban brillosas por las lágrimas que a derramado. No tengo palabras para consolarlo. Lo único que puedo hacer es abrazarlo y no soltarlo.

-Nunca lo entenderé, porque fue tan perra conmigo- susurra.

-Ella no fue una madre, Sebastián. La vida te lo recompenso con Miranda, mi padre y siempre voy a estar para ti- expreso.

-¿Quieres saber cómo termino? -pregunta.

-Sí, pero si tú quieres- respondo.

Al abrir los ojos me encontré en una habitación que no era la mía, pero sabía dónde estaba. No era la primera vez que despertaba en esa habitación. Intente sentarme, pero unas manos me detuvieron.

-Cariño te lastimas- ahí está mi ángel guardián.

-¿Que paso tía? -pregunte.

-Eso quiero saber, porque tus golpes no son de compañeros que te dieron. ¿Quiero la verdad? -indaga.

Suspiro. Si le digo la verdad, mi mama va a la cárcel no quiero que este en ese lugar feo como ella me dice. Pero mi tía me cuida y me protege. Si le cuento y le digo que no le diga a mi mama que ella sabe, tampoco le puede decir a la policía porque se la llevan.

-Sí, yo- la puerta se abre y mi madre entra. Trago saliva.

-Mi vida despertaste- dice emocionada.

Por qué me trata bien frente a todos, pero cuando estamos solos se porta mal. No entiendo porque es así conmigo. No lo entiendo. Se acerca a mí. Me abraza sin lastimarme. Se separa para acomodarse a mis pies.

-Me vas a decir- pide mi tía Miranda.

Como le voy a decir a mi tía que mi madre me pega. Si ella está frente a mí. No puedo decirle, mi madre volvería a pegarme. Mis ojos comienzan a picarme y sin esperar permiso comienzan a caer por mis mejillas. Sollozo.

-No lo presiones Miranda- dice mi madre.

Me limpio mis lágrimas. No quiero escuchar nada más. Le tapó la boca. Esto es demasiado para que lo traiga al presente. Le volteo un poco la cara. Le doy un casto beso en los labios.

Rendirte JamásDonde viven las historias. Descúbrelo ahora