★COMPLETA★
¿Saben lo que es ser un verdadero licántropo?
No es como lo narran...
La vida de un hombre lobo esta llena de dolor, angustia e ira...
La gente creía que era un asesino en serie, otros un animal salvaje como un lobo u oso enfurecido. L...
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Aquella mañana la pelirroja tardó en llegar. Todos quedaron estupefactos por aquello, en especial el capitán Hannes, quien se encontraba perdido en las hojas de una novela de Gabriel García Márquez en medio de las andanzas del coronel Aureliano Buendía.
El cabello pelirrojo estaba hecho una mata desordenada, similar a las llamas descontroladas de una fogata, sumado al frizz de sus ondulaciones que se habían convertido en tercos rizos. Bajo sus ojos unas negras sombras y bolsas, marcas de la mala noche, se encontraban. Sus escleróticas recubiertas de notorias arteriolas rojizas y los lagrimales aún húmedos. Los pelitos aleatorios aún estaban pegados en su frente y sus mejillas, signo de que había tratado de levantarse con un buen lavado de agua fría.
—Luces terrible... —dijo con simpleza el capitán tratando de ocultar la sonrisa tras las páginas de su libro.
Veronika respondió con una mirada vengativa, tirando su bolsa sobre la silla frente al escritorio del lugar y restregándose los ojos con sus nudillos. Apretó los dientes conteniendo un bostezo y se sentó frente al capitán con un rostro indiferente y poseído por el cansancio. —Me alegro que lo notaras... —soltó con palabras ásperas.
—Deberías pegarte una ducha. Al cabo de una hora iremos a hablar con la loca vidente. Deberías mejorar tu presentación.
Unos cuantos murmullos se oyeron en las afueras de la oficina. Hannes dejó el libro de lado marcando con un separador de cartón la página que seguía su lectura para después y carraspeó con fuerza antes de declarar hacia la puerta. —Quienes sean los curiosos tras esa puerta, será mejor que se retiren.
De inmediato se oyeron unos cuantos pasos alejándose rápidamente. Hannes se desparramó sobre su silla haciendo un gesto de negación y regresando la vista hacia su pupila. —Esto cada vez se está volviendo más incómodo. Estamos resolviendo un caso muy importante y todos se fijan en las más mínimas estupideces —refirió cruzándose de brazos y mordiéndose el labio inferior.
Veronika se espabiló al escuchar aquello. En lo más profundo de su ser se sentía algo entristecida y a la vez avergonzada. ¿Sus compañeros pensaban que ellos tenían una especie de relación? Solo era el jefe enseñándole todo a su pupila. No tenía nada de malo. Además el capitán era casí ocho años mayor que ella. No podría consolidarse algo entre ellos. Su relación solo se limitaba a lo profesional. De todo eso trataba de convencerse la pelirroja, arremetiendo sus divagaciones adolescentes en lo más profundo de su mente. Eso solo, le causaría una distracción hacia lo más importante: capturar al asesino de la ciudad. O a la bestia sobrenatural, obviamente sin morir en el intento.
—¿Por qué has llegado en ese estado? —preguntó el castaño con la mano derecha pasándose por su naciente barba—. ¿Hubo una maratón de películas de nuevo? ¿Tu novio no te dejó dormir por toda la noche? —esta última pregunta le hizo soltar una risilla.
Inmediatamente la pelirroja se puso igual de colorada que su cabello. Los nervios la traicionaron y su lado más infantil y dulce salió a flote, incluso luego de haber intentado a toda costa reprimirlo para su trabajo. —¡¿Qué?! ¡Capitán, por favor! ¡No haga ese tipo de comentarios! —su voz pese a los nervios se agudizó dos octavas más arriba—. ¡Tuve una pesadilla espantosa! ¡Eso es todo! ¡No seamos tan esporádicos! Además...yo no tengo novio —aquella última aclaración la dijo en un susurro, con las mejillas enrojecidas y la mirada desviada.