★COMPLETA★
¿Saben lo que es ser un verdadero licántropo?
No es como lo narran...
La vida de un hombre lobo esta llena de dolor, angustia e ira...
La gente creía que era un asesino en serie, otros un animal salvaje como un lobo u oso enfurecido. L...
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La calma de la noche fue arrebatada al cruzar velozmente una patrulla. Los copos de nieve volvían a intervenir en la periferia del lugar, impidiendo la vista del hombre aturdido al volante, con el corazón al cuello latiendo a mil por hora. Su acompañante humedecía sus labios con su lengua una y otra vez, gracias al gran nerviosismo que sentía a medida que avanzaban por las calles oscuras con un estridente rechinido de neumáticos.
Al llegar al hospital, la recepcionista interfirió su camino. Hannes mencionó a la persona a quién buscaban y la mujer los dejó pasar con una mueca acongojada en el rostro. Víktor estaba en el segundo piso, habitación doscientos trece. Veronika y Hannes no perdieron más el tiempo y anduvieron por los pasillos del hospital aspirando el oxígeno tenso del lugar. Toses lejanas, algunos quejidos de dolor y electrocardiogramas zumbaban en sus oídos. Veronika creyó incluso oír un leve gruñido animalesco que su temperatura bajó considerablemente y se aferró al brazo de su capitán.
Aún cuando la calefacción del edificio estaba encendida, el frío podían sentirlo en su piel cubierta como múltiples agujas. La puerta doscientos trece estaba delante de ellos. Hannes entró sin hacer casi ruido.
Víktor yacía sobre la cama leyendo “El cuervo” de Edgar Allan Poe y al ver a los dos rostros conocidos de sus amigos, una sonrisa pícara se reflejó a través de la mascarilla de oxígeno que cubría su nariz y boca. —Es el único buen libro que me han podido conseguir en este hospital. No quería leer planas novelas de romance o vampiros —recalcó él cerrando el pequeño libro antiguo y disimulando una gruesa tos.
—Nos alegra que te encuentres bien luego del incendio. Ya muchos te creíamos muerto.
—Pues la noticia es que aún no estoy dispuesto a quedarme bajo tierra. Aunque creo que no era el propósito de quién incendió la morgue. No quería asesinar a quiénes estuvieran dentro, quería borrar sus evidencias. Aunque claro si alguien moría mejor para “ella”.
—¿Crees que fue “ella”? —recalcó Veronika con ímpetu hinchando el pecho de aire.
—No solo lo creo, lo sé —declaró con firmeza quitándose la máscara para hablar mejor—. En dos ocasiones me han intentado asesinar. Conozco bien los ojos de un asesino.
Hannes cerró los ojos asintiendo con la cabeza ante la afirmación de su amigo. Él también podía reconocer las intenciones reflejadas en los ojos de alguien, sean buenas o malas. —Es el lobo. Nos quiere eliminar de la faz de la tierra de una maldita vez a los tres que sabemos de su situación.
Veronika tragó duro y aferró sus puños conteniendo una ira desconocida que le bañaba. —Creo que ya deberíamos comentarlo a las autoridades. Esto ya no puede ser guardado entre nosotros tres. ¿Si el lobo nos asesina, continuarán las muertes inocentes de los ciudadanos?
—¡El estúpido de Craig que no nos ha dicho nada! ¡Prometió entregar los últimos detalles de su investigación! —masculló Víktor haciendo rechinar sus dientes y provocando su tos por alterarse.