XXXIV

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El auto patinaba sobre la calzada

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El auto patinaba sobre la calzada. Esquivaba los escasos montículos de nieve y algún que otro vehículo que circulaba a aquellas horas. Un escozor había aparecido en su herida que le recorría hasta casi el muslo cada vez que apretaba el acelerador. La prótesis funcionaba de maravillas, no había duda, pero no podía explicar esa molestia en la herida donde antes se encontraba el resto de su pie derecho.

El vasto paraje blanco fue cambiando por las empedradas calles del barrio donde la casa de Craig se encontraba mientras las luminarias iluminaban su camino dificultoso. Veronika conocía como una maníaca. Su boca estaba seca y sus ojos desorbitados y daba giros bruscos al volante abriéndose paso entre las calles.
No se había fijado de una señal de Pare en una intersección cuando un auto negro se le cruzó su camino. Pisó el freno tan fuerte que el culatazo en el cuello no le iba a sanar hasta dentro de tres días. El dolor en su herida también se sintió como un puñal atravesando su carne pero lo más mortífero fue apreciar a aquel conductor del auto negro frente a ella.
El temor fue como una mano que apretujaba su corazón. Veía los ojos neutros del conductor escaneándola, como si intentase adivinar sus pensamientos. Su cuerpo se espeluznó y sus uñas se aferraron al volante al ver como la conductora, una mujer anciana de ojos vidriosos y tan blancos como la luna, cruzaba frente a ella con su rostro petrificado en una mueca espeluznante. Algo inquietante, esa mujer era idéntica a Madame Valérie. Lo más aterrador, Veronika alcanzó a leer como sus labios gesticulaban la palabra: “Cuídate”.
El auto avanzó dos cuadras más y giró para luego volverse a perder entre la neblina de la madrugada.

No decidió seguirlo. Aquello le tomaría más tiempo valioso para su caso. Sin embargo,  Veronika en el fondo, sabía que poco a poco estaba perdiendo su juicio.

El escozor fue invadiéndole las piernas hasta cubrir su cintura y no podía concentrarse en el volante. La vieja patrulla podía ser terca para manejar a veces pero Veronika la hacía bailar en las calles desoladas, rechinando sus llantas y armando un gran escándalo.

Su corazón latía desbocado en su pecho sin razón alguna y sus piernas amenazaban con quebrarse cuando pisó suelo nuevamente. Las cintas amarillas policiales interferían la entrada a los transeúntes mientras la atmósfera tensa se impregnaba en los poros de la pelirroja. El olor cuproso aún permanecía en sus paredes aún cuando ya habían recogido el cadáver y todos los indicios y pistas. Aún había gotitas de sangre bañando el suelo de madera bajo sus pies.

Trataba de guardar la calma ante los últimos agentes forenses que recogían las últimas pistas.
Jóhann Travs, el agente forense que había conocido en su primera vez presenciando un asesinato brutal ocasionado por el hombre lobo, tomaba unas últimas muestras del escritorio de Sanderson cuando vió pasar a su compañera Reede con un rostro tan asustado que le causó confusión.

—¡Hey Reede! A los tiempos que nos vemos. ¡¿El capitán te envió?! —preguntó el joven guardando la muestra en su bolsillo y sonriéndole a la muchacha. Al no presenciar un cambio en su rostro, no pudo evitar preguntar—. Parece que has visto un fantasma. ¿Te sientes bien? Ven, siéntate un rato.

Veronika negó con la cabeza y sonrió exhaustivamente a su compinche mientras paseaba por la sala de la casa.
—No, no es nada —murmuro ella tratando de que su voz no se cortase—, solo me horroriza que hayan asesinado a un gran amigo.

—Es lamentable... Su sepelio será mañana por la tarde. Su esposa invitó a todos los que lo conocían. Incluso me invitó a mí. Sé que el capitán está destrozado por esta noticia.

—Sí, lo está...

—A veces me cuestiono si en realidad puede existir un ser humano con tanta maldad dentro de sí...

Veronika palpó con sus dedos la superficie de un viejo librero mientras escuchaba las palabras de Jóhann. Allí permanecía un protarretrato con la foto de Craig y su esposa, ambos abrazados y sonrientes. Veronika suspiró ante aquello, imaginándose la pena de aquella pobre mujer quien había perdido a la persona a quien ama a manos de un desalmado asesino. Veronika no quiso imaginarse como sería sentir aquello.

—También me he cuestionado lo mismo... —soltó revisando el polvo entre sus dedos para encontrarlos manchados de una ligera película gris.

Su mirada cabizbaja se alzó entre las partículas ascendentes de polvo y tosió para disuadirlas entre el ambiente. La visión se le ensombreció aunque algo se le hizo muy claro a la vista. Una pequeña libreta que reconoció de inmediato. La libreta de apuntes que Craig llevaba consigo en su bolsillo estaba sobre unos viejos libros oculta.
Veronika la sacó y, cerciorándose de que Travs no estuviese mirándola, la deslizó hasta el bolsillo y se alejó del librero actuando como si inspeccionara antes de marcharse.
—Leeré tu reporte cuando esté listo Jóhann —aclaró la pelirroja.

—¿Mañana irás al duelo?

—Jamás abandonaría a un amigo. Incluso en las peores situaciones.

Había una infinidad de hojas y apuntes regados por el suelo

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Había una infinidad de hojas y apuntes regados por el suelo. Múltiples libros abiertos con palabras y frases subrayadas con un brillante rotulador amarillo e imágenes grotescas impedían atravesar el pequeño apartamento de la señorita Vranjes. Cualquiera que entrara allí se llevaría una pequeña sorpresa.

Lo había leído todo... Y aquello por fin era suficiente.

Leena yacía en un rincón de su alcoba, con un libro tirado a su lado contemplando la ventana de oscuridad tan profunda como el mar. Aquello por primera vez no le causaba temor ni desesperación, sino una paz irremediable en todo su ser.

Al fin sabía lo que su raza ocultaba. Lo había conseguido a un precio muy alto en sus pecados pero pudo conocer la verdad, aún cuando la mayoría de sus semejantes jamás la pudieron conocer y tuvieron que enfrentarse a su situación sumidos en la ignorancia.

Leena sonreía mientras su espalda descansaba relajada contra la pared. Su cabello negro caía como cascada sobre sus hombros y sus ojos aún brillaban pero no de su instinto rebosante. Brillaban de una alegría auténtica, tanto que había comenzado a llorar de felicidad.

Había permanecido allí, con el olor del humo sobre sus vestimentas oscuras y su boca libre de aquel sabor a sangre. No necesitaba alimentarse más.

Aunque ahora sabía a lo que se iba a enfrentar, no pudo evitar sentirse aliviada que, por fin, había una ruta para poder estar en paz...

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*sale de su arbusto toda avergonzada* Lo siento u.u falta de inspiración y distracciones fuera de Wattpad me impidieron publicar este capítulo tan cortito.

Y sí, Leena por fin lo descubrió y Veronika encontró la libretita de Craig. ¿Qué descubrió Leena? No seeee....*se va disimuladamente* ¿Qué hay en la libreta? *desaparece*

Pronto lo descubrirán. El suspenso puede ser mortal, lo sé. También lo he vivido con otras grandiosas novelas.

Oigan ando algo escasa de inspiración. ¿Me sugieren canciones sean instrumentales o no que concuerden con la temática de esta historia? Además pienso añadir un soundtrack y quizá me ayuden bastante a decidir.

Gracias por su apoyo ^^
~Loba🐺

Teratos: Luna Roja (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora