XXXII

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El resto del camino fue como un destello de tiempo

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El resto del camino fue como un destello de tiempo. Ambos se vistieron antes de partir nuevamente hasta su destino, con el cielo mágico aún de fríos colores verdosos y azules.
El azul se reflejaba en los ojos de la pelirroja, quién observaba con una sonrisa al hombre a su lado, aquel al que depositó toda su confianza y respeto desde un principio y se había convertido en su gran mentor y un compañero. Ahora, esos mismos sentimientos profundos se habían transformado en amor hacia el capitán de policía de Reikiavik.

Sus mejillas se encendieron como un carbón encendido al recordar las suaves caricias de las manos de Hannes sobre su cintura y vientre hasta que poco a poco fue bajando, dibujando un paisaje con sus dedos y haciéndola perderse en una infinidad de sentimientos encontrados. Las ganas de repetir aquello le invadían pero la reciente llegada a la estación de policía le había borrado de la mente aquello.

Salieron de la patrulla sin decir ninguna palabra, ambos con sonrisas incrustadas en sus labios. Había un fuerte silencio en el ambiente, cosa algo rara debido a que la estación siempre estaba abarrotada de gendarmes ruidosos y las constantes llamadas. Ni a Hannes ni a Veronika pareció importarle, pues entraron con un fuerte rechinido de la puerta principal. Hannes se aseguraría de decir al personal de limpieza y mantenimiento que se encargaran de ese detalle cuando vinieran.

La primera sonrisa en desvanecerse fue la de la pelirroja cuando registró las oficinas en busca de alguien hasta no encontrar nadie. Todo estaba en el mismo sitio como cuando partieron.
Hannes arrugó la frente y rascándose el mentón atravesó por el pasillo hasta la recepción para encontrarse con el lugar ampliamente vacío.
—¿Hay alguien aquí? —gritó en eco por el pasillo. Se extrañaba que la puerta esté abierta y que ni siquiera los de guardia estuviesen en el lugar.

Una tos lejana se oyó desde la otra oficina y la voz de Veronika se escuchó interceptarla.
Era Marina Romanoff, la agente de cabellos negros y ensortijados que solía acompañar a Veronika en sus patrullas nocturnas.
—¡Capitán, Reede! ¡¿Dónde estaban?! Los han estado buscando desde hace horas —declaró Marina sorbiendo por la nariz debido a la naciente mota de gripe.

Veronika volvió a enrojecer como un tomate mientras que Hannes tomó la pregunta con más seriedad y logró mentir sin levantar sospechas.
—Estábamos atrapando ladronzuelos en la zona del suroeste.

—Entonces, ¿No se han enterado de que ocurrió?

—No nos han comunicado nada por el radio de la patrulla —manifestó Veronika entrando en pánico.

—No los culpo, todos estaban muy consternados y extrañados por el asesinato pero luego el incendio en el anfiteatro remató todo. A mí me dejaron cuidando este lugar mientras todos salían a mantener la calma. El sargento Dahl estuvo a cargo de la situa...

Marina iba a irse de largo con su relato si no hubiera sido interrumpida por el agarre violento de Hannes. El rostro de Veronika había tomado tres tonos más claros de palidez al escuchar a su compañera.
—¿Asesinato? ¿A quién asesinaron? ¿Cómo que incendio en el anfiteatro?

Teratos: Luna Roja (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora