XLVIII

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Mientras el lobo no esté

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Mientras el lobo no esté...

El lobo gruñía con fuerza desde lo más profundo de su alma. Leena palpaba su costado de vez en cuando, mientras avanzaba por las calles con una estela de copos de nieve a su alrededor. El objeto duro de metal yacía oculto bajo su pesado chaleco de gabardina negra, mimetizado entre sus oscuras vestimentas.
El viento hacía ondear su cabello negro a la vez que se oía en la lejanía el estridente sonido de las sirenas de las patrullas.
Leena sabía que la estaban cazando pero el lobo no era muy sencillo de domar y mucho menos de atrapar.

Con el paso apresurado, Leena zizagueaba por las aceras, evitando a los que transitaban a esa hora de la tarde, regresando a sus casas para almorzar.
El olor estaba impregnado en sus narinas y la furia la corroía desde dentro, tanto que un resoplido animalesco se escapó de su boca.
El crepúsculo vespertino había comenzado su jornada mientras, oculta entre las callejuelas Leena esperó, con paciencia, a que su presa elevara las orejas entre la inmensidad de aquella jungla de concreto y nieve.

El cañón del arma se elevó entre la oscuridad del callejón cuando el rugido de un motor comenzó a acercarse. Las luces rojas y azules deslumbraban su delicada vista nocturna y, justo cuando el oficial se disponía a girar a la derecha para continuar con su patrullaje, un disparo silbó en el aire y una sombra se alejó del lugar.

El compañero a su derecha gritó de asombro y tomó el volante y con un grandioso esfuerzo, logró aparcar el vehículo a un lado de la vía, a la vez que decenas de personas se acercaban para observar lo ocurrido.

"Aunque la vida del lobo esté próxima a marchitarse, el monstruo arrastrará al infierno a la mayor cantidad de víctimas y entre una de ellas, una saldrá maldita". -leyó la agente Reede del cuadernillo que alguna vez le perteneció a Craig Sanderson mientras el capitán Hannes Jónnson giraba el volante con violencia en una transitada intersección.

-Este momento me trae bastantes recuerdos...

-¿Capitán? -Veronika alzó una ceja extrañada.

-¿Aún recuerdas cuando viste tu primera víctima asesinada por el lobo? Esa noche que te llevé por una solitaria vía en medio de la noche...

-Como podría olvidarlo, señor. Fue cuando decidí abrir la caja de Pandora y enterarme de esto... -Veronika bajó la mirada, aunque parecía no estar arrepentida de alguna vez haberle preguntado al capitán sobre los asesinatos en Reikiavik-. ¿Cree que realmente pudimos haber tenido una vida mejor si no nos hubieramos enfrascado?

-Recuerda que ya te he dicho que gracias a este caso, me he enamorado de tí. Y realmente no estoy para nada arrepentido -exclamó Hannes tomando la mano de la pelirroja.

El comunicador de repente comenzó a sonar con interferencia hasta que una voz rasposa casi inentendible se oyó entre el vacío ruido.
-¡Capitán, le han disparado a Gozenbach en la cabeza! -gritó Lukas por el transmisor-. Lo llevaré de inmediato al hospital.

Teratos: Luna Roja (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora