XXXVII

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Matilda se espabiló al sentir el fuerte apretón en su mano por la de Veronika y soltó un leve quejido, dejando caer al lobo de peluche al suelo

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Matilda se espabiló al sentir el fuerte apretón en su mano por la de Veronika y soltó un leve quejido, dejando caer al lobo de peluche al suelo. Su mirada se alzó hasta contemplar el aterrorizado rostro de la chica pelirroja que mantenía fija la mandíbula ante la pareja que compartía un cálido beso a las orillas del gélido océano. La pequeña no comprendía el porqué de su actitud temerosa, pues ella siempre creyó que los besos eran algo alegre y reconfortante.
Sin embargo, a la niña le pareció conocido el rostro de aquella chica, solo que no podía recordar donde lo había visto antes...

-Vámonos... -dijo Veronika jalando con fuerza el brazo de la pequeña retomando sus pasos por la concurrida acera.

Cabello negro y tan largo que casi le llegaba a la cintura, piel de porcelana y bañada de translúcidas pecas, cuerpo pequeño y macilento y una herida en el rostro que atravesaba desde el ojo izquierdo hasta la mandíbula de manera diagonal, producida por su daga de plata; cicatriz que permanecerá para siempre en su rostro aún con sus excepcionales capacidades regenerativas.
Era la mujer lobo. Algo muy dentro de sí se lo decía. Además, la apariencia concordaba...

Como una violenta marejada, el miedo comenzó a invadir el cuerpo de la pelirroja. El chispazo de la imagen que vió aquella noche penumbrosa estaba presente en su cabeza. Esa figura hosca que profanaba horrorosos gruñidos al devorar el cadáver de aquel hombre, arrancando con fuerza con sus manos de largas uñas la carne y sus entrañas. Una escena repulsiva y unos ojos dorados que jamás podría borrar de su memoria.

Volvió a voltear por encima del hombro y entonces comprobó sus sospechas. Eran los ojos del monstruo, que miraban con dulzura al joven frente a ellos; era una máscara tan macabra e inhumana. ¿Cómo es que en ellos podía hallarse algún rastro de humanidad? Esos ojos de Midas que mientras más los observas mas te enamoras y cuando por fin llegas a tocarlos, te encuentras con la misma muerte.
Veronika lamentaba la vida de aquel joven que estaba de espaldas a ella. Jamás él se imaginaría de la magnitud de la bestia queencontrarse, los labios antes de devorar a su próxima presa.

Ambas miradas volvieron a encontrarse: marrón y oro colisionaron con violencia y un tifón emocional azotó a ambas. Leena y Veronika sintieron temor que fue reemplazado por furia y pánico respectivamente.

La gendarme se alejó rápidamente del lugar, con la pequeña niña a cuestas. La joven lobo por su parte, se removió inquieta en los brazos de Travis. Creyó haberse equivocado pero al percibir el característico aroma que desprendía la pelirroja, el cánido dentro de ella comenzó a arremeter sus cadenas enfurecido.
Otro olor también conocido la acompañaba, muy dulce y tierno que hace mucho tiempo no lo había percibido. Era la niña el cual lo despedía.
La niña que alguna vez ella salvó de su padre alcohólico que amenazó con asesinarla luego de haber matado a su esposa.

Travis notó como las facciones de su pareja se endurecieron de repente y volteó para apreciar como una mujer y una niña se alejaban por las calles aledañas mientras volteaba a verlos con miedo en su rostro.
-¿Sucede algo?

Teratos: Luna Roja (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora