Sentimientos encontrados: (Blake)

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Llego con Samantha a mi oficina. Ella soltó toda su alegría en el laboratorio así que el regreso fue tranquilo, lo cual agradezco mucho. Me siento en la silla que está atrás de mi escritorio mientras ella se mantiene tranquila en el mueble. La hoja del examen reposa en mi mano aun sin podérmelo creer. Al levantar la mirada, ella está sonriente haciendo brillar sus ojos un poco más. Paso las manos por mi cara sintiendo el fuerte golpe del trasnocho.

—Harold, tráeme un poco café. —Digo recostando mi espalda.

—Claro señor, ¿quiere algo en particular señorita? —Dice a Sam.

—Un poco de chocolate frío, si no es mucha molestia. —Responde ella educada.

Harold asiente y sale de la oficina dejando silencio con su partida. Dejo la hoja de los resultados en el escritorio para ver a la pequeña que está frente a mí y que es mi hija. Vuelvo a recostarme de mi asiento aun sin creérmelo. Después de la muerte de Soraya apenas si he podido seguir adelante gracias a que Harold, su hijo, que se ha mantenido a mi lado como un buen amigo. Yo no quería hijos.

"¿Es eso un duro golpe para el gran Harrison junior? No señor, puede ser un susto, pero no es un golpe. Será el mejor regalo que hubieras podido tener"

La voz de Valerie resuena en mi cabeza recordándome a esa época. Suspiro. Si ella estuviera aquí encontraría fuerzas en sus palabras. Ella es la única mujer que he amado, y se fue, aunque cada día que pasa pienso en ella. Cierro mis ojos un segundo para dibujar su rostro en mi mente porque, a pesar de todo ese tiempo, todavía me duele que se haya ido de mi vida. Vuelvo a abrir los ojos para enfrentarme a la realidad. Y veo el rostro de Sami mirándome con curiosidad.

— ¿Qué edad tienes? —Pregunto para romper el silencio.

—Estoy próxima a cumplir quince. —Responde sin apartar su mirada de mí —. ¿Está todo bien papá?

Abro los ojos al escuchar esa palabra salir de su boca haciendo que los ritmos de mi corazón se aceleren. Carraspeo apartando la mirada y sintiéndome incómodo con la pequeña.

—Eh, Sam, todavía estoy acostumbrándome a la idea de que eres mi hija, así que por ahora llámame por mi nombre. —Digo suave.

Ella asiente cabizbaja. Creo que he roto una ilusión.

—Solo por ahora Sami. —Reitero sintiendo un apretón en mi pecho.

—Lo entiendo, Blake. —Dice comprensiva con una sonrisa pequeña, marcando un hoyuelo tierno que se le forma en su mejilla derecha.

—Bien. —Tomo un respiro —. ¿De verdad tienes casi quince? Por tu estatura te calculé menos. —Ella se encoje de hombros —. ¿De dónde eres?

—Nací en Nueva York pero me he criado viajando por el mundo.

— ¿Viajas mucho? —Pregunto extrañado.

—Bueno, mi mamá y yo viajamos mucho por su trabajo. —Explica bajando la mirada.

— ¿Y cuál...? —Comienzo, pero la puerta abriéndose me interrumpe.

—Aquí tiene señorita Sami. —Dice Harold dándole el chocolate y pone mi café en la mesa —. Aquí tiene señor Harrison.

—Gracias Harold. —Tomo el vaso de café y bebo un sorbo mientras observo a Sami —. ¿Cuál es el nombre de tu madre?

Ella se ahoga con su bebida porque la he tomado por sorpresa, pero antes de que responda a la pregunta, el celular de Harold suena.

—Señor. —Dice al contestar —. Si señor le diré de inmediato. —Me ve —. Ya mismo señor. —Cuelga —. Señor Harrison, su padre viene de camino para hablar con usted algunos detalles de la reunión.

Me tenso, ¿cómo le diré esto a él? Paso la mano por mi cara mientras me levanto. Por ahora debo sacar a Sami de aquí para hablar con ella después.

—Sami. —La llamo acercándome a la puerta —. Harold te va a llevar a la casa porque debo trabajar ¿crees poder esperarme para seguir con esta conversación? —Ella se acerca a mí.

—Bien, te espero en casa Blake. —Toma su mochila y se queda en la puerta.

—Harold por favor —Lo llamo para que se acerque y hablar en tono bajo —Averiguas lo que puedas de ella y me lo informas.

—Está bien. —Acepta y se acerca a la puerta con Sam —.Vamos señorita.

Ella asiente y se despide de mí moviendo su mano mientras sale por la puerta. Correspondo moviendo mi mano mientras le sonrío, y cuando la pierdo de vista, suspiro con pesadez mientras me siento en la silla tras el escritorio, que mañana tan loca he tenido.

Mi Padre es un CasanovaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora