Bocadillo con trampa: (Blake)

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—Prueba desde el puente. —Digo mientras señalo la libreta.

Ella rasga las cuerdas de la guitarra produciendo un dulce sonido constante que se escucha bien, hasta que desentona de repente.

— ¿Qué tal si intentamos esto? —Dice ella volviendo a rasgar las cuerdas, mejorando el sonido.

Ahora se escucha ligero, suave y dulce, la forma perfecta de describir la canción. Presto más atención a su rostro alegre. Mi pequeña de ojos profundos con un brillo especial que hace correr el tiempo. La verdad es que no quiero separarme de ella, y menos, cuando ha dicho que me quiere. Ahora solo me preocupo por verla ser feliz. Acaricio suavemente su cabello mientras sigue tocando y conecta su mirada con la mía.

—Papá, lo estás volviendo a hacer. —Dice sonriente.

— ¿En serio?

—Sí. Sé que soy muy importante para ti, pero no me voy a desvanecer.

—Cierto, ahora que lo pienso, eres realmente fea. —Bromeo malvado, ganándome un golpe con el cojín que viene de ella.

Tomo otro cojín del mueble para golpearla, con cuidado claro. Ella logra darme en la cara con su cojín, produciendo mi desequilibrio y haciéndome caer al suelo. Ella ríe divertida por mi caída, así que la tomo de la mano para hacerle cosquillas hasta que se queda sin aliento.

—Eres malo. —Se queja acostada en el suelo.

—Claro, y yo me caí del mueble porque me senté mal. —Digo sarcástico.

—Lo has dicho tú. —Bromea señalándome.

—Vamos a terminar con la canción para practicar para el festival. —Digo levantándome mientras palmeo su rodilla.

—Sí. —Dice ella poco entusiasmada mientras se sienta poniendo la cara más seria que le he visto —. Siempre podemos intentar una canción un poco más conocida. No es que nuestra canción sea mala... obvio, la hice contigo —sonríe nerviosa mientras alborota su cabello —es que... bueno... yo...

— ¿Estás nerviosa Sam? —Adivino al ver sus movimientos torpes y asiente —. Tranquila hija. —La abrazo por los hombros —. Tu música refleja quien eres y lo que sientes, refleja también que es lo más importante para ti. Así que no creo que debas estar nerviosa, aunque muchos te acepten, siempre habrá otros que te rechazaran, pero eso no importa si eres feliz haciendo lo que te gusta. —Acaricio su cabello recibiendo su mirada esperanzada —. Eres la mejor, al igual que tu música, y vamos a tocar juntos.

—Tienes mucha fe en mí. —Dice sonriente abrazándose a mi torso.

—Siempre Sami. —Beso su frente.

El celular de ella suena marcando que acaba de recibir un mensaje, y como buen padre que soy, intento ver de quien se trata. Pero esa sonrisa la delata.

—Sam, ¿con quién hablas? —Digo revisando el celular.

—No ande de metiche. —Dice quitándome el celular de su vista —. ¿No deberías estar trabajando?

Mi mente vuela a los viejos tiempos en que hacía lo mismo con Val, de hecho, ella respondía exactamente igual. Arrugo el rostro ganando una mirada curiosa por parte de Sam. No debo pensar más en Val.

— ¿Estás bien? Solo estaba hablando con Tyler. —Dice Sami preocupada.

—Claro, tranquila. Solo estaba pensando. —sonrío de forma forzosa.

— ¿Por qué no vamos a comprar unos bocadillos? ¿O estarás muy ocupado hoy? —Pregunta Sam.

—Estaría bien, ya nos merecemos un descanso. —Digo poniéndome de pie —. ¿Vamos hija? —Extiendo mi mano.

Ella asiente mientras toma mi mano y vamos juntos hacia la salida. Caminamos hasta el ascensor, y mientras esperamos, Grant se acerca a nosotros con papeles en mano. Apenas se abren las puertas Sami hala de mí y presiona el botón para que las puertas se cierren, lo cual es bueno, porque así puedo evitar el trabajo por un poco más de tiempo. Apenas llegamos al auto enciendo el motor listo para irnos, cuando Grant aparece de la nada desde mi ventana.

— ¿A dónde crees que vas? —Dice con tono amenazador.

—Sami tiene hambre, y sería una irresponsabilidad no darle de comer. —Me excuso.

—Entonces envía a alguien a que le compre comida, tu hora ya terminó y debes trabajar. —Dice molesto.

—Pero yo quiero ir a comprarlos con mi papá. —Pide Sami haciendo pucheros.

Grant boquea al ver esa faceta tan tierna de Sami. ¿Y quién le diría que no a esa carita de ángel?

—Sam, me pones en un aprieto. —Dice Grant viéndola con ternura.

—Tío Grant, te prometo que papá trabajará el doble. Solo por hoy quiero pasar más tiempo con él. —Pide con ojos tiernos.

—Entonces está bien. Pero más te vale trabajar el doble Harrison. —Dice rendido haciéndose un lado.

Sami se despide moviendo su mano, y cuando estamos lejos de él, ella suelta una risa divertida y quita el techo del auto. Sonrío un poco más al ver que grita alegre mientras estira sus brazos.

—No sabía que aun podías usar tu encanto. —Digo sin dejar de ver el camino.

—Es solo con un número limitado de personas, especialmente aquellas que no me conocen. —Dice sonriendo mientras ve por la ventana.

Sonrío divertido mientras observo el paisaje, dejando que millones de recuerdos lleguen a mi mente. Cada sitio de Long Beach me recuerda a Val, especialmente ese descanso de carretera en que la hice mía, no estaba en mis planes, pero me gustó haber estado ahí para ella. Me duele recordar, pero estar con Sami calma mi corazón.

—Papá, ¿extrañas mucho a alguien? —Pregunta Sami sacándome de mis pensamientos.

—Sí hija, y si pudiera traerla de vuelta lo haría. —Digo sincero.

—Ya veo. —Susurra volviendo la vista a la ventana.

La veo extrañado mientras estaciono en una antigua tienda, en cuanto apago el auto, veo que ella tiene esa arruga en la frente que muestra que está molesta. Sigo la dirección en que sus ojos ven, notando que Tyler está aquí junto con unos amigos y varias chicas que están risueñas. Hago que Sami deje de verlo volteando su cabeza, y al ver sus ojos, noto la ola de celos en ellos.

—Está con sus amigos, no esperaba eso.

—Sí. —Responde seca.

— ¿Qué quieres hacer Sami? —Pregunto directo.

—Es solo una pequeña travesura, ¿te apuntas? —Dice sonriendo con maldad.

—Claro que sí.

Mi Padre es un CasanovaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora