Tomé el cuadro y lo envolví de nuevo entre los trozos de papel y cartón que permanecían casi enteros. Aun sin arrancarme su imagen de la cabeza. Aquella distracción me había servido para dejar de pensar en Azul, pero también me distrajo del transcurso de las horas, no pasó mucho tiempo cuando salí a prisa para ir a la escuela por Jimin. No tenía urgencia por regresar al museo, pero inconscientemente conducía bastante rápido en el camino de regreso.
Llegamos pronto a casa, pero la figura de una mujer parada frente a la acera, me robó de momentáneamente el aliento. Era una mujer de figura delgada y estatura corta, esperaba de pie junto a una pequeña maleta de viaje, su cabello era largo y ondulado, de un color parecido a la paja seca. No había cambiado nada; era Azul.
— No es posible. – susurré inconsciente.
— ¿Qué sucede? – preguntó Jimin.
Permanecí en silencio por unos segundos antes de responder; no sabía como hacerlo.
¿Cómo iba a decirle a Jimin que había una chica parada frente a nuestro hogar pretendiendo que emprendiera un viaje con ella por los lugares más recónditos del mundo?
— Amor… Había olvidado decirte, que hoy estará de visita con nosotros una vieja amiga mía. – dije pausadamente.
— ¿Una vieja amiga…? ¿Cómo se llama?
— Azul… La conozco del bachillerato. Jimin, debes saber que nada de lo que diga tiene valor para mí… Yo estaré contigo ¿De acuerdo?
— Yoongi, estas confundiéndome… no sé de que hablas. – dijo negando con su cabeza.
— Vamos, te explicaré cuando se haya ido… solo, confía en mi ¿sí? – pregunté después de besar sus labios.
— Sí. – contestó apretando mi mano con fuerza.
Bajé del auto y caminé con pesadez hacia la acera para chocar con sus enormes ojos color miel, que me asaltaban con su penetrante mirada. Figuró una sonrisa en su rostro al verme, traté de hacer lo mismo, pero podría asegurar que parecía más bien una mueca tratando de parecer poco ofensiva.
— ¡Min Yoongi! – exclamó mientras caminaba hacia mí para colgarse de mi cuello.
La abracé con delicadeza, no podía expresar tanta alegría como ella ni aunque quisiera fingirla, no me interesaba hacerle saber algo que no era cierto.
— ¿Cómo has estado Azul? – pregunté después de su exorbitante saludo.
— Excelente. Espero que me felicites, por fin me he titulado. – contestó con una sonrisa.
Era cierto, lo olvidé por completo. De eso se trataba toda nuestra estúpida y ridícula promesa. Ella ingresaría a la carrera de botánica para estudiar la naturaleza, y cuando se titulara recorreríamos juntos el mundo para conocer y estudiar las plantas y los animales. Cuatro años atrás me parecía una idea maravillosa; pero ahora no me parece más que frívola y vacía.
— Por supuesto. ¡Felicidades! – dije abrazándola de nuevo.
Ella me apretó con fuerza, pero no quería que ese abrazo se prolongara por más de tres segundos. Así que dejé de aplicar fuerza para que infiriera por si sola que quería liberarme de sus brazos.
— Entonces… ¿Cuándo nos vamos? – dijo entusiasmada.
Estaba temiendo que dijera esas palabras, una parte de mí conservaba la esperanza de que sus ideas hubiesen cambiado al igual que las mías. Pero desafortunadamente no era así. Seguía con el mismo espíritu optimista e imprudente de siempre.
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Con aroma a rosas.
Hayran KurguMin YoonGi se afronta a la reciente muerte de su padre sin lograr superarla fácilmente. Trata de olvidarse de su salvaje vida pasada y adaptarse a su actual sedentarismo como gerente de un museo de arte, contabilizando cada minuto del día y planifi...
