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Me tardé como cuarenta minutos en el bus ¡Había una trancadera de los mil demonios!

Ya había llamado a mis papás para informarles de la gran noticia y me dijeron que ellos irían después, que me adelante ya que ellos estaban recogiendo a mis tías para ir al restaurante.

Tenía dinero, así que podría almorzar en el restaurante a una cuadra del hospital.

No podía pensar en nada más que en Ty, y en lo rápido que tenía que llegar.

Cuando estuvimos a tres cuadras del hospital decidí bajarme, llegaría más rápido corriendo que en el bus, con la trancadera que había.

Entré corriendo al hospital y ni siquiera me molesté en esperar al ascensor junto a los otros visitantes.

Subí por las gradas y al llegar vi a Hernán en la puerta.

-Tyler- dije mientras abanicaba un poco mi rostro.

Estaba ardiendo por mi larga carrera.

Hernán sonrió.

-Está adentro, linda. La enfermera está ayudándolo con su suero-

Asentí mientras recuperaba un poco el aire.

-¿Y los demás?-

-Ya lo vieron. Fran está en su habitación, no pudo estar mucho tiempo por su columna. Joel y mi mamá fueron a recoger a Mariano para que vea a Ty-

La enfermera Susi salió de la habitación y me saludó sonriendo.

-Oh, Diany... ¡Muere por verte!-

Sonreí.

Después de intercambiar un par de palabras con Susi ella se fue y me quedé parada frente a la puerta...

-Dale, entrá a verlo- me animó Hernán.

Me quedé plantada, no sabía qué demonios me pasaba. Era como si me hubiese paralizado allí.

-Vamos, Dian. No sabés cuánto muere por verte-

-Lo sé, lo sé. Es sólo que... ¿Y si no le gusto?-

Desvié mi mirada al suelo.

-¿Qué? ¿De qué hablás? ¡Claro que le gustarás Dian! Sos una chica genial, y muy linda además. Dale, preciosa. Entrá...-

Relamí mis labios y aparté ese pensamiento de mi cabeza.

Abrí la puerta y entré a la habitación, cerrando la puerta detrás de mí.

Y allí me quedé, mirando a Ty.

Por fin pude volver a ver sus hermosos ojos abiertos, después de temer que ya no los abriera.

Él también se quedó paralizado, mirándome.

No desviaba la vista de mí.

Ninguno decía nada. Fueron apenas unos segundos, pero ese pequeño momento me pareció eterno.

"¿Es que no le gusto? ¿Esperaba que fuese más linda? ¿Más alta? ¿Más flaca?..."

Miles de pensamientos así llegaron a mi mente en ese instante.

-¿Dian?- preguntó, con su mirada aun fija en mí.

Y una oleada de enojo, alivio, tristeza, alegría y miles de emociones me invadieron.

Mis ojos empezaron a empañarse y me empecé a acercar de poco a poco.

Estaba tan feliz de que despertara, tan feliz de que volviera a ver, tan aliviada. Y al mismo tiempo estaba tan triste por toda la depresión que había atravesado mientras él estaba en coma.

Pero sobre todo estaba tan enojada.

Le dijo a Hernán que me mintiera, y él también me mintió al decirme que no se haría la estúpida operación. Y por eso había pasado los días más duros de mi vida...

Fruncí el ceño cada vez más a medida que me acercaba a la camilla.

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*Maratón 2/3 <3*

No me mires así  (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora