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-¿Con el rubio?- preguntó Mari.

Asentí.

-¡Hey! Sigo esperando conocer a Ty- dijo Luan con los brazos cruzados.

-Lo sé, lo sé. Quería que fuésemos a visitarlo en cuanto pudieras caminar, pero él salió del hospital y todavía no puedes caminar-

-Ustedes podrían venir a visitarme- dijo con una ceja en alto.

-Oh... Cierto- reí.

Mari y yo habíamos salido del colegio directo a comer en un restaurante de comida rápida. Ahora las dos estábamos en el hospital visitando a Luan y les acababa de contar que iba a ir al cine con Tris.

-¡Me estás ignorando!- se quejó Mari.

-Eh... ¿Cuál era pregunta?- sonreí.

Se estampó la mano en la frente.

-¿A qué hora tienes que estar en el cine?-

-A las cuatro-

-¡Genial! Queda tiempo para arreglarte-

-¿Arreglarme?-

-Sí, no pensarás ir con esa ropa-

-De hecho sí, pensaba ir con esta ropa-

-¡Necesitas mi ayuda!-

-Pero...-

-Sh- me calló Luan –Mari tiene razón ¡Por lo menos cámbiate, enana! ¡Y péinate un poco!-

-Pero...-

-Sh- volvió a callarme –No me hagas enojar y vayan, chicas- sonrió –Mi amiga vendrá en un momento a hacerme compañía, vayan tranquilas-

Asentimos y nos despedimos de Luan.

Salimos del hospital y corrimos hacia un bus que estaba en la esquina.

-¿Quién te llevará?- me preguntó.

-Mi mamá-

-Genial, vamos a llamarla para que te recoja de mi casa ¿Va? Y así podremos ver que te pones y todo con tiempo-

-No entiendo que tiene de malo mi ropa ahora-

-Es con la que fuiste al colegio. No planearás ir así a una cita-

-No es una cita-

-Sea lo que sea. Tienes que arreglarte un poco, usar algo que no uses normalmente. Quizás un poco de...-

-¡Ni pienses en maquillarme!- reí.

-Bueno, no planeaba maquillarte en verdad. ¿Solo un poco de máscara de pestañas?-

Negué.

-¡Vamos!-

-No, Mari. No quiero que me saques un ojo con eso- reí.

-¿Qué no confías en mí?- dijo indignada, cruzándose de brazos.

-Claro que confío. Pero no creo que haya necesidad de maquillarme. Entiendo el por qué debo cambiarme, pero no me maquillaré- sonreí.

-¿Puedo usar la técnica milenaria de la cucharilla?-

Pensé un poco.

-Está bien-

Sonrió.

Llegamos a su casa y saludamos a su mamá mientras corríamos a su habitación.

Una hora más tarde estaba duchada, cambiada, peinada y con las pestañas revueltas gracias a "la técnica milenaria de la cucharilla".

No me mires así  (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora