La paz no es un calificativo propio de la MAFIA, Isaac había logrado construir un imperio, el cual controlaba a su entero antojo, sin embargo, los precios a saldar son elevados, y él había pagado el más alto.
LA FIRMA opera a placer gracias a IMPER...
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Llegar al hospital siempre era un ritual, tenía la atención inmediata, papá y mamá se preocupaban.
— Dios Gibby. – mi tía Malke comenzó a examinarme. — ¿Está ebrio?
— Tuvo una mala noche.
— Pues gracias a su mala noche lo único que podemos hacer es desintoxicarlo y suministrarle oxígeno.
— ¿Y el medicamento?
— Podría sufrir un paro cardiaco si lo medicamos estando alcoholizado, no hay más qué hacer Isaac.
— Haz lo que puedas, pero ya. – estaba más para allá que para acá, escuchaba todo en eco, las sibilancias de mi pecho no me dejaban en paz, el dolor de cabeza aumentaba a la par del sueño.
— Gib, quédate conmigo. – me llevaron a una habitación en dónde me colocaron una mascarilla, después un par de pinchazos en mi vena y los jadeos que no paraban. – no puedo hacer más por ti, si te medico podrías morir, no te esfuerces. – si hubiera estado armado, les juro que me hubiera pegado un tiro en la cabeza, la desesperación me invadía a ratos, me sentía sudoroso pero tenía escalofrío, me debilité en cuestión de minutos mientras mi pecho y abdomen permanecían tensos.
— Gib. – mi mamá entró a la habitación, papá hizo lo mismo detrás de ella, me miraban con la misma preocupación de siempre, volvía a tener 7 años otra vez. Mamá tomó mi mano. – estás helado mi amor.
— Vas a estar bien hijo, tranquilo. – me dijo papá, asentí levemente y traté de estar lo más sereno posible, sin duda sería una de las noches más largas que podría tener en mi vida.
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Miré mi móvil, ni una llamada o un mensaje de los buenos días, resoplé con fuerza y rodé los ojos.
— Vamos Christina, los chicos como él les gusta ser ellos los que llamen la atención.
— Ni siquiera un mensaje, siempre mandaba aunque sea un mensaje de los buenos días, hoy no, le he mandado como mil y no parecen llegarle.