S3

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—-Creo que el aspecto de ser atractivo lo tiene cubierto—-me susurra Jessica al oído.

—-Hola—-saluda él con una sonrisa.

Su tono de voz es tremendamente seductor si no fuera porque no me dejo llevar por desconocidos lo habría halagado diciéndole que tiene una voz de ángel. El chico me tiende el brazo pero no se lo acepto.

—-No salgo con desconocidos—-digo.

El parece asombrado y sorprendido como si le impresiona que no sepa quién es.

—-Alberto Gritti—-dice.

Tengo que reconocer que no es un mal chico o al menos no lo aparenta. De hecho me suena vagamente, seguro que lo he visto en algunas de las fotos que Jessica me ha enseñado de esa banda en la que también esta Stefan.

Alberto lleva puesto un esmoquin negro y para mi alivio no es feo ni gordo ¿para qué mentir? Es todo lo contrario. Jessica lo ha definido bien. Es muy atractivo. Es moreno, alto, con un estilo de pelo que lo destaca de entre todos con los que he estado antes, sus ojos son de un color miel claro, una boca con unos labios finos y al parecer, bastante dulces; y una mandíbula atractiva, como lo es todo él haciéndolo lucir como un chico italiano. Todo encima de un cuerpo delgado pero a la vez fibroso. No puedo negar que todo en conjunto resulta muy agradable.

No es que me deje llevar por las apariencias, pero de camino al baño he visto el BMW negro aparcado en la puerta. No cabe duda de que su familia esta forrada en dinero, y como me ha dicho Jessica, los ricos no suelen dar mucho de sí, por lo que no tengo grandes esperanzas.

Sin embargo, me he comprometido a salir con él esta noche. Miró de reojo a Jessica por última vez, pongo la mano en el brazo de Alberto y dejó que me escolte fuera del café.

—-Tal vez deberíamos haber quedado en un lugar más seguro que éste—-dice mientras salimos del local.

El aire exterior no está más fresco que el del cuarto de baño, pero no digo nada al respecto porque me ha descolocado el comentario sobre la seguridad. Me vuelvo a mirar el cartel del Wild Cherries, que yo misma había pintado una tarde libre que me salió de improviso.

—-Es perfectamente seguro—contesto.

—-Ahora puede ser, pero no quiero dejarte en un cuchitril apartado de todo cuando esté oscuro. Afuera no hay luces.

—-Mira—le advierto—Este cuchitril es de mi tío y resulta que le tengo mucho aprecio, tenga luces o no.

Como no abre de noche, mi tío jamás ha sentido la necesidad de poner iluminación en el exterior.

Él me mira mientras abre el seguro del coche con el mando a distancia, pero le esquivó la mirada hasta que abre la puerta y se vuelve, bloqueándome el paso con sus brazos y sus hombros en proceso de formación.

—No quería decir...

—Olvídalo—suspiro.

No estoy dispuesta a bajar la guardia sólo por una mirada tierna; y menos cuando, por lo que se, este chico puede estar lleno de artimañas encantadoras.

—No, en serio—insiste mirándome a los ojos—Es obvio que te he dado una pésima primera impresión.

No puedo evitar sonreír.

— ¿Y eso te importa? —pregunto.

—En realidad, no había planeado que me importara pero...

— ¿Pero?

El me examina las facciones detenidamente.

—He descubierto que sí me importa—reconoce con una sonrisa sincera que me hace sentir cosquillas en el estómago—Quiero disfrutar de esta salida.

— ¿Por qué? ¿Por qué soy atractiva? —parezco estúpida lo sé pero la curiosidad me carcome.

—Yo diría que eres muy atractiva. Pero no; no quiero disfrutar solo porque hayas resultado ser guapa, sino porque podríamos pasarlo muy bien. Y no le tomes doble sentido a mis palabras.

— ¿Estás seguro de que dos personas que no querían hacer esto podrían disfrutarlo? —pregunto.

Alberto agranda su sonrisa y a mí se me acelera el corazón.

—Sí, algo así.

—Deja de hacer eso—digo señalándole la boca.

—Que deje de hacer ¿Qué? —pregunta.

—Sonreír.

— ¿Por qué? ¿Tengo algo en los dientes?

El no solo sabe que no tiene nada, sino que es absolutamente consciente de lo guapo que es.

—Voy a ser absolutamente sincera contigo—anuncio.

—Adelante—me anima a seguir.

—Tengo una larga y horrible historia con las citas a ciegas, y pensaba incluirte en el apartado de las peores, pero no puedo hacerlo cuando sonríes.

La sonrisa de Alberto se hace aun mayor.

— ¿En serio? A mí me pasa lo mismo—afirmo—Tengo una idea. ¿Por qué no empezamos de nuevo? —extiende su mano—Hola, me llamo Alberto Gritti.

—No me comprometo a empezar de nuevo. Aún podrías convertirte en una cita a ciegas desastrosa.

—Si—dice el haciendo una mueca—Puede que tengas razón.

Entró en el BMW.

—Suelo tenerla—digo.

Alberto ríe, cosa que me hace estremecer.

—Algo me dice que esto va a ser más interesante de lo que había imaginado.

— ¿Eso es bueno o es malo? —pregunto.

El rodea el coche, abre de la puerta y se coloca al volante mirándome en lo que enciende el motor.

—Aun no lo tengo claro—dice.

—En ese caso, también lo dejaremos en el aire.

Acto seguido me coloco el cinturón de seguridad y me preparo para la noche que me espera pero con una leve sonrisa de anticipación en la cara.

Imagínense que los de multimedia son Marina y Alberto☺.

SeducemeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora