Capítulo 2: [Gata ladrona] (3)

151 25 56
                                        

Parte 3


— ¿Has visto a este chico? —pregunta un Kaevalery calvo y con una prominente barba rubia mientras muestra un dibujo rápido y mal hecho de un niño.

—Aunque me lo diga tan seriamente, señor capitán... —responde uno de los transeúntes, con una expresión complicada en el rostro.

—Déjalo, que el retrato no es tu fuerte, querido.

Al escuchar las palabras de su esposa, Eomstyll mira su dibujo por unos segundos, estudiando la obra.

—Pero si es igual —comenta finalmente a su mujer, con los ojos abiertos y el rostro en señal de sorpresa por su comentario.

— ¡¿Dónde?!

—Aquí, mira —dice él, apuntando con sus dedos a la cabeza del deforme retrato—. Tiene el mismo cabello puntiagudo.

—Bueno, es verdad... ¡pero eso no nos sirve!

— ¿Por qué no?

Saz suspira profundamente ante la falta de talento de su marido, colocando su única mano sobre su cabeza.

— ¿Es un niño perdido? —pregunta el ciudadano, esperando a que terminaran con su escena. No se atrevería a interrumpir el intercambio de palabras entre el capitán del reino y su esposa.

—Sí, había accedido a llevarnos a un lugar que nos interesaba, pero desapareció justo en el lugar donde nos encontraríamos. Nos dijeron que una felidal se lo llevó —responde Saz, mirando hacia el suelo con cierto remordimiento.

«Si tan sólo lo hubiese acompañado», se lamenta ella, con pesar.

—Entiendo. Por el dibujo, ¿es un Sofry? No es que sean raros en el país, pero suelen estar más al Este —comenta la persona a la cual preguntaban, observando nuevamente el pobre retrato del Kaevalery. Mira hacia el cielo para exprimir en sus memorias, pero nada sale de ello—. Lo siento, no puedo ayudarles.

—Ya veo, gracias por tomarse su tiempo.

Ninguna pista en un día entero. Los únicos dos testigos sólo tienen conocimiento de la chica-gata, pero no consiguieron más información luego de la entregada. Sazguljend y Eomstyll no pueden evitar sentirse cada vez más angustiados.

—Esto me está molestando. Se supone que soy el capitán de la guardia de Lugarta, uno de los líderes militares de la nación. A este paso, comenzarán a cuestionar al príncipe por haberme elegido si no soy capaz de encontrar a un simple niño —comenta el Kaevalery, golpeando un muro de una taberna, irritado.

—Querido, creo que no puedes posponerlo más —dice su esposa, tomando del brazo a su marido con una mirada triste en su rostro.

— ¿De qué hablas?

—Vamos a los barrios bajos.

Los ojos de Eomstyll se abren de sorpresa por las palabras de su esposa.

«Así que te diste cuenta», se lamenta el hombre.

El capitán junto con su esposa habían recorrido gran parte de la ciudad, preguntando por pistas de donde podría encontrarse el pequeño Sofry desaparecido. Caminaron por todos lados exceptuando los barrios bajos.

Eomstyll no quería mostrarle ese mundo a su mujer. Un lugar donde la gente era pobre e ignorante. Donde los niños tenían que ganarse el pan robando y los adultos ahogaban sus sueños destruidos con el alcohol que pagaba su escaso sueldo. Entrar en esa realidad era relativamente fácil: deudores, militares heridos, aventureros frustrados, niños nacidos en esa zona, todos llegaban al mismo sector. Pero salir era difícil. Se requería una gran fuerza de voluntad, acompañada de talento. Algunos pequeños creían ser capaces de lograrlo, pero perdían su futuro al tomar malas decisiones y morían devorados por monstruos en el bosque o terminaban siendo engañados y vendidos como esclavos por personas del bajo mundo.

Exhekar Tales II: El Tesoro Ancestral & La Bruja GlotonaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora